Los gigantes del mar en Río de Janeiro: el regreso de las ballenas jorobadas a la Bahía de Guanabara
Los científicos reconocen que estos mamíferos son los verdaderos “ingenieros” del ecosistema y que los mares dependen de su sobrevivencia. Ponderan, además, la posibilidad de presenciar unas de las migraciones más grandiosas que tienen lugar hoy en el planeta. Por todo eso también destacan que más allá de los avistamientos en regiones donde antes parecían extinguidas nos recuerdan que su grandeza depende de la urgencia de proteger nuestros océanos.
El mar, el silencio, el viento, las olas: todo frente a una ciudad de casi siete millones de habitantes. Es que navegar en Río de Janeiro es una de las experiencias que cambia por completo la vista de la ‘Cidade Maravilhosa’, como la llamó André Filho en su canción. El Morro de los Dos Hermanos, el Pan de Azúcar, la Piedra Bonita, el Corcovado –con su emblemático Cristo Redentor magnético desde las alturas—, la Piedra de Gávea, las Islas Cagarras, las playas de Copacabana, Vermelha o Ipanema se transforman desde el océano. El Gigante Dormido –o Gigante de Piedra como también lo llaman en las leyendas— se contornea, perfecto, por la cadena de montañas que atraviesa la ciudad, con esa silueta colosal de un hombre, recostado, que abarca unos 20 kilómetros de longitud y que atraviesa unos siete barrios: la historia de ese ser mitológico que sufrió un desamor para defender la Bahía de Guanabara y se recostó en la costa donde, finalmente, se petrificó con el paso de los siglos.
Frente a ese gigante dormido, justamente, en el litoral de Río de Janeiro, en esa bellísima Bahía de Guanabara y con el archipiélago de las islas Cagarras como fondo, una ruta oceánica que cruza una línea imaginaria que va desde la Antártida hasta el Nordeste de Brasil, se transforma en un espacio privilegiado para la observación de las ballenas jorobadas (baienas jubartes en portugués) que migran entre julio y agosto por ese corredor en búsqueda de regiones más cálidas. Sail in Rio, además de paseos y navegaciones costeras al amanecer o al atardecer desde Marina da Glória, aprovechó la cantidad de gigantes del mar que cruzan por esa costa y transformó su pasión por la navegación para compartir la experiencia con los demás viajeros: un padre, Cassio Gurjão, y su hijo, Daniel, a bordo de dos veleros, un Fast de 40 pies y un Bruce Farr de 50 pies, proponen entonces los avistamientos para percibir el viento, pilotear un barco y conectar con la naturaleza a todos aquellos que quieran conocer la ciudad y a los gigantes del mar de una manera única: desde el agua. Los acompañan, además, un grupo de capitanes y tripulantes, con biólogas a bordo, para completar el paseo, que puede incluir además de las ballenas, el avistamiento de delfines, peces y tortugas marinas que vive en la bahía.
La gran cantidad de ballenas que, con frecuencia, se están viendo sobre las costas de Río de Janeiro, en esta migración de sur a norte durante julio y agosto, se debe a la recuperación de la población de la especie, que estaba en peligro de extinción: a lo largo de los últimos cuarenta años, la población de jorobadas pasó de 2.000 ejemplares a 35.000 solo en el Océano Atlántico.
“Es un testimonio de importancia sobre los esfuerzos de conservación, en un recuerdo de la fragilidad y la belleza de la vida marina”, dicen desde Sail in Rio, donde también rememoran como la Playa de Arpoador, entre Ipanema y Copacabana (su nombre proviene de la palabra “arpón”), entre los siglos XVI y XVII, era utilizada como torre de observación por los pescadores para divisar y cazar las ballenas, justamente, con sus arpones.
Ahora, los avistamientos sobre estos veleros se producen con ballenas que se exhiben desde el agua: entre sus costumbres están saltar, mostrar la cabeza y espiar un poco fuera de la superficie, la exposición de los pectorales, la batida de su cola, el soplo y el chorro de aire. Entre las curiosidades, además, está que se alimentan en aguas frías: las presas son pequeños peces o el krill que prolifera en la Antártida.
“El regreso de las ballenas jorobadas a la costa de Río de Janeiro constituye un notable caso de éxito en la conservación marina a nivel mundial. Hasta mediados del siglo XX, la caza comercial de ballenas redujo drásticamente las poblaciones de esta especie en todo el mundo. Se estima que la población del Atlántico Sur occidental descendió a unos 450 o 500 individuos en la década de 1950. Gracias a la prohibición de la caza comercial impuesta por la Comisión Ballenera Internacional (CBI) en 1986 —sumada a la creación de áreas marinas protegidas, el monitoreo científico y la concientización pública—, esta población comenzó a recuperarse. Hoy en día, se estima que la población que migra entre la Antártida y la costa brasileña alcanza unos 35.000 ejemplares”, explica María Salomé Rangel, una de las biólogas marinas que acompaña la expedición.
“Esta recuperación ha permitido que Río de Janeiro vuelva a ser un punto de escala clave para las ballenas jorobadas durante su migración reproductiva. Actualmente, es posible observar a estos animales cerca de la costa —incluso dentro de la Bahía de Guanabara—, algo que resultaba sumamente inusual hace apenas unas décadas. Este reencuentro entre las personas y las ballenas demuestra que unas políticas de conservación bien implementadas pueden arrojar resultados concretos e inspiradores”.
Las especies nadan solas o de a pares. De hecho, aunque recorrimos más de 10 millas mar adentro para encontrar la ruta de las ballenas, cuando regresábamos hacia el puerto, vimos un pequeño ballenato que estaba dentro de la misma Bahía de Guanabara. Aparentemente solo forman grupos más grandes cuando están en áreas más específicas para la alimentación o la reproducción. Sin embargo, su canto que, a veces se confunde con el ir y venir del velero, puede oírse a casi 20 kilómetros de distancia.
“Las ballenas sacan la cola del agua antes de sumergirse hasta el fondo, donde pueden permanecer al menos por unos 30 minutos, pero por término medio sus inmersiones sólo duran unos 15 minutos”, explica Fernanda Gularte, otra de las biólogas a bordo.
El chorro de agua puede alcanzar hasta los tres metros de alto. Por eso cuando emerge alguna entre las olas es posible seguirla por algunos momentos hasta el próximo respiro. Los mayores peligros, hoy, de las ballenas jorobadas son las redes de pesca, la colisión con los buques y barcos, la contaminación del ambiente marino, la caza indiscriminada, el cambio climático y la polución sonora.
En la ruta de miles de kilómetros que emprenden, la grandeza de Río de Janeiro además abarca todo el entorno de las Islas Cagarras, en una fuente de diversidad tan grande, que toda la región es aprovechada por los mamíferos. Rangel reconoce la importancia que tienen estas islas frente a la costa de Ipanema:
“Las islas Cagarras forman parte de un importante corredor ecológico utilizado por las ballenas jorobadas durante su migración a lo largo de la costa brasileña. Aunque no utilizan las Cagarras como zona de alimentación propiamente dicha —ya que la mayor parte de la alimentación tiene lugar en las aguas de la Antártida, ricas en krill—, el archipiélago ofrece un entorno relativamente tranquilo, protegido del intenso tráfico costero.
Es habitual observar ballenas desplazándose hacia el norte, socializando o incluso realizando comportamientos como saltos y golpes en el agua con las aletas y la cola cerca de las islas. Las hembras con crías también pueden aprovechar estas aguas más tranquilas durante la migración, ya que ofrecen un entorno más seguro para los primeros meses de vida de sus ballenatos. Además, las Cagarras forman parte de un ecosistema marino excepcionalmente rico que alberga una gran biodiversidad —incluyendo aves marinas, delfines, tortugas y una amplia variedad de peces—, lo que subraya la importancia de una conservación integral para este entorno”.
Las familias que están de paseo por Río de Janeiro por las vacaciones escolares, los turistas de la ciudad y también los científicos coinciden en la costa para disfrutar de los avistamientos de estos mamíferos, que siguen rutas que aprendieron de generación en generación. Estos gigantes del mar, que pueden medir hasta 16 metros y pesar 40.000 kilos (solo su corazón pesa 200 kilos, ¡como tres hombres adultos!), llevan adelante unas jornadas épicas en el invierno austral: nadan 9000 kilómetros entre ida y vuelta entre las aguas heladas de la Antártida, en el sur de Argentina –donde se alimentan—, y las aguas más cálidas del nordeste de Brasil.
Su principal destino es el Banco dos Abrolhos, en el sur de Bahía y al norte de Espíritu Santo (al norte de Brasil), un ecosistema de arrecifes de coral donde descansan, también dan a luz y amamantan a sus ballenatos, en uno de los puntos de mayor biodiversidad marina en el Atlántico Sur. Rangel reconoce que, en lo personal y en lo profesional, la experiencia de sus años de trabajo en Sail in Rio como bióloga y guía de excursiones de avistamiento de ballenas jorobadas la marcó por varias razones:
“Es sumamente gratificante. Tenemos el privilegio de observarlas de cerca y de presenciar una de las migraciones más grandiosas que tienen lugar actualmente en el planeta. La imponente envergadura de estos animales nos recuerda lo pequeños que somos; una toma de conciencia que a veces resulta fundamental para comprender que no somos más que una parte del vasto engranaje de la vida en la Tierra y que desempeñamos un papel esencial en su conservación”.
La científica destaca también como resulta conmovedor observar las reacciones que estos gigantes oceánicos despiertan en las personas:
“A menudo recibimos a visitantes que se adentran en el mar por primera vez o que cumplen el sueño de toda una vida que es ver ballenas en su hábitat natural. Compartir este momento con ellos hace que la experiencia sea aún más especial. Durante mis tres años en Sail in Rio, hemos tenido el privilegio de observar ballenas realizando más de ocho saltos consecutivos, crías recién nacidas en aguas cercanas a Río de Janeiro, ballenas dentro de la bahía de Guanabara, grupos de competencia de hasta siete machos e innumerables comportamientos típicos de la temporada de reproducción de la especie. Estamos presenciando la recuperación de zonas de cría históricas a lo largo de la costa brasileña, fruto de décadas de esfuerzos de conservación. Esto resulta profundamente inspirador, pero también conlleva una gran responsabilidad. Cada excursión representa una oportunidad para despertar el asombro, compartir conocimientos científicos y concientizar sobre la importancia de conservar las ballenas y nuestros océanos”.
Por último, pero no menos importante, Rangel reconoce además la importancia que representan las ballenas en el ecosistema marino como “verdaderas ingenieras” de los océanos:
“Las ballenas desempeñan un papel mucho más importante que el de simplemente deleitar a quienes tienen la oportunidad de observarlas, porque son verdaderas ingenieras de los ecosistemas marinos. Al alimentarse en la Antártida y migrar hacia aguas tropicales, transportan nutrientes entre distintas regiones del océano. Sus desechos son ricos en hierro y nitrógeno, elementos que estimulan el crecimiento del fitoplancton, esos organismos microscópicos responsables de producir cerca de la mitad del oxígeno del planeta y de capturar enormes cantidades de dióxido de carbono (CO₂).
Además, cuando una ballena muere de forma natural y su cuerpo se hunde, transporta toneladas de carbono al lecho marino, donde este puede permanecer almacenado durante siglos. Este proceso contribuye a la regulación climática global. Por todo esto proteger a las ballenas significa también proteger la salud de los océanos, la biodiversidad marina y los ecosistemas de los que depende toda la humanidad. Por ello, cada excursión de avistamiento de ballenas realizada de manera responsable ofrece la oportunidad de acercar a las personas a la naturaleza y de transformar la admiración en un compromiso con la conservación”.
Enlaces: Página: https://www.sailinrio.com/ Instagram: https://www.instagram.com/sail_in_rio/?hl=es Correo electrónico: info@sailinrio.com
Desde “Navegantes Oceánicos” agradecemos a “Sail in Rio” su colaboración para facilitar la realización de este artículo y el uso de las fotografías.
¡ Os deseamos mucha suerte en este importante proyecto !
