Esta pareja de argentinos –Cecilia, arquitecta; Ezequiel, ingeniero en sistemas— comenzó su proyecto hace una década: buscaban dar la vuelta al mundo en un barco. Sin embargo, los primeros problemas para concretar la travesía los llevaron a hacerlo durante cinco años en una casa rodante (motorhome) con el que recorrieron 93.000 kilómetros hasta que lograron dar con la nave de sus sueños para comenzar a contar millas.
“Después de dar un giro por completo a nuestra vida, decidimos que la mejor manera de vivir era viajando. Así que hicimos del viaje nuestra forma de vida”. De esta manera, con pocas palabras, en una síntesis pasmosa, Cecilia –más conocida como Chilu– y Ezequiel se presentan desde su página. “La unión de Chilu y Eze da Chez: muy originales (risas). Eso de ‘Team’ es porque siempre nos consideramos un equipo, aunque fue un poco en tono de parodia a los norteamericanos que a todo le ponen team algo. Pero como toda broma, finalmente, quedó”, resume Ezequiel.
Sin embargo, para esta pareja de Argentina no todo comenzó a bordo de un velero, ni surcando los ríos o los mares, con una brújula y contando las millas náuticas, si no que antes hubo un plan B en tierra firme. Cecilia nació y creció en San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, en una familia de seis hermanos, estudió Arquitectura y a los 26 años decidió salir a recorrer el mundo: lo que empezó por un año sabático terminó en ocho desde Nueva Zelanda hasta Europa o Asia.
“Siempre fui aventurera, me divertía la adrenalina, correr riesgos y treparme a todos lados”, dice, ahora, a pocos minutos de comenzar una charla en el mismo club de San Isidro donde hicieron el curso de timonel y patrón, en el que sus seguidores en las redes esperan escuchar la historia en primera persona. Ezequiel, por su lado, vivió en Bella Vista toda su vida, es el mayor de tres hermanos varones, estudió Ingeniería en Sistemas y trabajó en la empresa familiar. Al menos hasta que conoció a Chilu.
Si el barco fue la primera opción y no se pudo concretar desde el inicio –cuentan— la pareja, hace más de diez años, pensó la manera de llevar adelante sus sueños de viajar por el mundo de todos modos. Arrancaron en mayo de 2016, hace casi, casi, diez años. O hasta que llegara el barco. El primer tramo, pensaron, sería por las rutas de Argentina, Brasil y Chile. Pero no todo quedó en esos tres países. “No hay que resignarse, y en todo caso el plan es que no haya plan”, resumen risueños.
¿Cómo se acercaron a la navegación? ¿Cuáles fueron sus primeros pasos?
—(Ezequiel) Yo vivía en Bella Vista, a unos cincuenta kilómetros al norte de la Ciudad de Buenos Aires, no es un lugar donde hay laguna o río para navegar: es tierra adentro. En mi familia tampoco me incentivaron por ese lado pero cada tanto veníamos a pasear a Tigre (el delta del Paraná y el estuario del Río de la Plata). En un momento, con uno de mis hermanos, hicimos el curso de timonel y nos compramos una lancha para salir en el delta. Después de eso empecé a hacer algunos deportes acuáticos como Kite Surf. Pero como esto dependía mucho de las condiciones del viento, arranqué un curso para aprender a navegar en catamarán. Me compré uno y practicaba en una laguna cerca de mi casa.
—(Chilu) Yo empecé a navegar a vela de muy chica, a los siete años, en optimist en el Club Náutico San Isidro: no me enganché para nada, de hecho me daba terror, fui un poco obligada por mi familia, porque mi papá era requetenavegante. Después volví a hacer algo y me enganché a los 16 años, porque era otra historia, no le tenía miedo, ya era adolescente, en verano, muy divertido. Me copé y entonces me propuse hacer el curso de timonel. Pero ese año murió mi papá y no pude seguir, me dediqué a mi carrera (la Arquitectura).
¿Qué pasó después?
—(Chilu) Después de unos años de estudiar y trabajar en mi profesión, me tomé un año sabático, me fui a Australia, trabajé de cualquier cosa –en general como cocinera en restaurantes– y me dediqué a viajar. Ese año sabático finalmente se transformaron en ocho (risas): viajé por todo el mundo. Mi vuelta a la náutica fue mucho más tarde, casi con treinta años, cuando conocí al capitán de un yate de lujo en España que me contrató como azafata temporal en un delivery de tres semanas. Me encantó ese estilo de vida, me pareció alucinante y, poco después, me contrató de manera fija para ese barco. Recorrí todo el Mediterráneo, el norte de Europa, hermoso, como dos o tres años. Lo que sucedió también, cuando lo conocí a él, fue que descubrí a su familia, que vivía en un velero y estaba dando la vuelta al mundo por segunda vez. Los íbamos a visitar todos los veranos y me sorprendí con ese estilo de vida: es decir, vivir en un barco para los simples mortales como nosotros (risas).
No era solo para unos pocos privilegiados.
—(Chilu) Claro, cuando los conocí, me di cuenta que no era solo para unos pocos valientes, aventureros o privilegiados que se animaban a hacerlo: mucha gente puede dedicarse a eso. Terminó el trabajo en ese barco, volví a la Argentina y decidí que me quería dedicar a la náutica de nuevo, me encantaba el agua y también el estilo de vida. Empecé el curso de timonel en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde hacíamos las clases teóricas, mientras que las prácticas eran en el Club de Veleros San Isidro (CVSI). Al poco tiempo me contrataron de un velero en España y, justo un par de semanas antes de volver a Europa, nos conocimos con Ezequiel.
El lema era no te enamores de una marinera
—(Ezequiel) En realidad nos conocimos haciendo un curso de escalada. Chilu me encantó enseguida porque además traía muchas historias de viaje y yo estaba en un momento que necesitaba algo más de la vida. Salimos un par de semanas pero ella se tenía que volver a España. Yo me había quedado enganchado, pasaron algunas semanas y seguía mal, entonces me tomé un vuelo y fui a visitarla a Europa. Justo le estaban haciendo mantenimiento al barco en Mallorca entonces aprovechamos a conocernos un poco más en un par de semanas. Fuimos a Ibiza, recorrimos todas las islas, fue como una luna de miel. Yo trabajaba en una empresa familiar y me dejaron tomarme algunas semanas. El barco siguió después a Nápoles, yo recorrí Italia solo y me fui a esperarla al siguiente puerto porque el capitán me había dicho dónde paraba en tal fecha. Lo primero que me dijo Chilu cuando llegó fue que había renunciado al barco para irnos a viajar juntos.
¿Qué hicieron con sus trabajos?
—(Chilu) Ya, a esa altura, estábamos re-enganchados. Entonces pensé que me tocaba jugármela a mí, nos volvimos a Argentina juntos, pero con el proyecto de irnos de viaje. El plan original era navegar por el mundo, él como marinero, yo como azafata (porque es muy común que contraten parejas en yates) pero después enseguida comenzamos a hacer el curso de timonel con Carolina y Jerónimo en el CVSI (porque yo no lo había completado).
—(Ezequiel) Yo había tomado el curso de timonel a motor pero me faltaba toda la parte de vela. Finalmente lo hicimos juntos.
¡Pero también les faltaba la práctica!
—(Chilu) Claro, en medio del curso pensamos que en realidad no queríamos trabajar para otros y buscábamos tener nuestro propio barco. Nos faltaban capacitaciones, prácticas, entonces apenas terminamos el curso de timonel completamos también el curso de patrón. Eso, totalmente convencidos que queríamos comprar un barco y dar la vuelta al mundo. Ya con eso en la cabeza aprendimos todo lo que pudimos sobre navegación, teníamos un amigo que se compró un barco y nos llevaba todo el tiempo, con el que hicimos mucha práctica a Colonia, a Punta del Este, navegamos un montón. Siempre hay que tener un buen amigo con barco (risas).
¿Cómo llegaron al motorhome?
—(Ezequiel) Para la compra de un barco teníamos que vender una casa que tenía con mi hermano en Bella Vista, que nos había dejado mi mamá, pero el mercado estaba parado en ese momento y no lo lográbamos. También pensamos formas de solventarnos y pusimos el departamento de Chilu en alquiler, hicimos algunas inversiones para tener ingresos y, sobre todo, yo tenía que dejar mi trabajo. Fue un proceso largo porque no podía dejar en banda a mi familia, la empresa, todo. Nos llevó como tres años todo eso.
—(Chilu) Sin embargo, había una crisis financiera en el país y no se vendía ni un clavo. Habíamos hecho varios viajes con el auto pero era muy incómodo. Teníamos bastantes equipos como el Kite Surf o el parapente pero había que parar en camping o en hoteles. Era muy caro. Entonces pensamos que mejor era viajar en motorhome hasta que pudiéramos vender la casa y comprar el barco. Finalmente, era el Plan B pero fue lo que más hicimos: estuvimos cinco años de viaje y recorrimos 93.000 kilómetros.
¿Pero inicialmente por cuánto tiempo estaba previsto?
—(Ezequiel) Lo armamos en un par de semanas, salimos a la ruta, pensábamos que íbamos a estar solo un año de viaje hasta que se vendiera la casa. Nos habíamos propuesto recorrer Argentina, Brasil y Chile.
—(Chilu) Pero nunca nada sale como uno cree o lo planifica. Vendimos el auto, compramos el furgón, una MB180 del año 94, y lo equipamos. En unos cuatro meses seguimos viaje porque la casa no se vendía. Fuimos terminando el motorhome con el tiempo, muy de a poquito, nos llevamos incluso maderas en el techo. No se vendía la casa y seguimos viajando: terminamos recorriendo toda Sudamérica. Llegamos hasta Ecuador y fue espectacular. La pasamos muy bien, hicimos deportes en todos lados –parapente, escalada, snowboard, kitesurf– muchas aventuras, pero nos faltaba el barco.
Pero necesitaban el barco.
—(Ezequiel) Sí, Chilu decía un poquito más, un poquito más. Estaba buenísimo pero yo necesitaba el barco. También creo que pusimos la vara muy alta porque queríamos un catamarán.
—(Chilu) Lo que pasaba era que la casa no se vendía, el motorhome se había valorizado por la pandemia, por ahí no conseguíamos el barco que queríamos pero quizás uno más chico. Entonces pensábamos comprarnos uno más viejito pero que ya nos permitiera entrar a ese mundo, hacer más prácticas, comenzar la vida que buscábamos.
¿Cómo llegaron a rifar el motorhome?
—(Chilu) El proceso de venta lleva sus pasos y estábamos en Ecuador: entonces pensábamos cómo hacer para volver a la Argentina. Estábamos bastante ansiosos y se nos ocurrió hacer una rifa. Ya teníamos toda una comunidad de seguidores y le podíamos dar la ventaja a alguien de largarse a esta aventura. Un poco inspirados en esos mensajes que nos llegaban todos los días: “Chicos, qué lindo lo que están haciendo, muero por viajar en motorhome pero no puedo comprarlo”. Eso lo permitía, al menos, por poca plata. Entre que largamos la rifa y volvíamos para Argentina pasaron tres meses, todo nos cerraba entonces, para completar la transferencia. La rifa costaba cinco dólares, finalmente lo ganó una mujer de Santa Fe (una de las principales provincias de Argentina). Nos fue muy bien, mucho más de lo que pensábamos, nos compraron de España, de América central, de todos lados.
—(Ezequiel) También habíamos evaluado qué pasaba si no se vendía nada, cómo le devolvíamos la plata a toda la gente que sí había comprado. O pensamos pagarle el pasaje de ida hasta donde estuviéramos a la persona ganadora, si era de Europa u otro lado, esto pensábamos todas las alternativas. Lo importante para nosotros era cubrir el mínimo de lo que nos había salido la camioneta inicialmente.
—(Chilu) Finalmente nos salió espectacular y las redes ayudaron mucho, porque también fueron creciendo mucho en estos años.
¿Finalmente consiguieron el barco?
—(Chilu) Sí, después de rifar la camioneta nos fuimos al Caribe con unos amigos a hacer un viaje corto en catamarán y llegamos a Puerto Rico a buscar el barco. Arrancamos por ahí porque nos parecía central, nos recibieron unos seguidores que nos dieron casa y es un buen lugar para hacer base. En Europa ya era época de frío y acá faltaba bastante para la temporada de huracanes, el clima era propicio, nos resolvieron la logística. Todo cerraba.
—(Ezequiel) Estuvimos buscando bastante y no encontrábamos ningún barco que nos cerrara. Siempre caminábamos mucho por las marinas para ver si había algún barco a la venta que no estuviera publicado. Cuando vimos todos los barcos en Puerto Rico pasamos a las Islas Vírgenes. El sábado, que era el anteúltimo día, un señor sale de un velero impresionante, nosotros nos quedamos mirando, nos dijo si queríamos pasar. Le contamos qué estábamos buscando y llamó a un bróker que conocía que le dijo que tenía un barco con esas características.
¿Y qué pasó?
—(Ezequiel) No lo podíamos creer porque estaba en el lugar donde habíamos empezado la búsqueda, había más de 300 barcos, resultó que se había caído la venta un par de veces y no estaba publicado aún nuevamente. Ya se lo querían sacar de encima porque era el barco más viejo de la flota, de 2016, pero para nosotros muy moderno. El barco estaba listo porque como habían ofertado otras personas tenían todos los chequeos, servicios y documentos al día. Tienen una sección de astilleros que arreglaron las dos cositas que le faltaban. Es un Beneteau Oceanis de 43 pies. Hicimos una oferta y finalmente lo compramos. En una semana fuimos a hacer el pago y nos entregaron el barco en la isla enfrente, porque por un tema impositivo no lo dan allí. Lo llevaba un capitán que, por un tema de seguro, tampoco nos dejaba viajar. Nosotros fuimos en ferry y vimos como el capitán lo dejaba y se iba caminando por otra marina. De esa manera recibimos el barco. Dijimos, ¿y ahora qué hacemos? Muy raro, no sé, le pusimos un candado (risas). Además nunca habíamos timoneado un barco tan grande.
—(Chilu) Además, en los últimos habíamos navegado muy poco, fue todo muy extraño.
¿Cómo siguieron? ¿Cuáles son los planes ahora?
—(Chilu) Ahí arrancamos por las Islas Vírgenes porque son un sueño, es como estar en el paraíso. Pero nos daba miedo porque no teníamos paneles solares, para cargar las baterías, había que buscar agua en las estaciones porque no contábamos con potabilizadora, todo muy improvisado, porque empezábamos a vivir en el barco.
—(Ezequiel) Por todo eso pensamos en volver a Puerto Rico porque teníamos una base, conocíamos gente, podíamos armarlo mejor. Ese fue nuestro cruce más largo hasta ese momento.
—(Chilu) Hace un año que estamos viajando y recorrimos Puerto Rico, República Dominicana y Bahamas. Más tarde nos fuimos hasta el norte de Estados Unidos por la costa, volvimos por Nueva York con los Bohemia (Tommy y Agus) y regresamos por la Intracoastal que conecta toda la costa este de Estados Unidos por una serie de canales (de muy poca profundidad, con motor, porque no podíamos usar mucho las velas) y bajamos hasta Florida, donde dejamos el barco ahora para viajar a la Argentina. No tenemos definido ahora por dónde seguir: el plan en todo caso es recorrer las Antillas menores y, después, llegar a Panamá porque hay muchos amigos en San Blas. La idea es toda la próxima temporada seguir en el Caribe para después hacer el cruce del canal y luego del Pacífico, pero para eso queremos reunir experiencia y preparar el barco para esa travesía.
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Desde «Navegantes Oceánicos» agradecemos a Chilu y Ezequiel su colaboración y que compartan con nuestros lectores sus experiencias en esta apasionante entrevista.
Chez Team, ¡Os deseamos buenos vientos, buenas navegaciones y mucha suerte en el futuro!.






Muy completa la nota del CHEZ TEAM, felicitaciones por sus logros al equipo.