La Linda Sailing: el sueño de dos cordobeses que salieron de las sierras a los mares del mundo
Paula y Carlos, una pareja cordobesa que, junto a su velero LaLinda, le dieron la vuelta al Atlántico navegando 22.000 millas. Fueron 20 meses en altamar, visitando 23 países y una travesía guiada por el viento, la meteorología y la determinación. Hoy, de regreso en Argentina, rememoran la aventura que vivieron y planean nuevas singladuras.
Esta mañana de domingo, a principios de mayo de 2026, en el puerto de San Isidro, a unos 30 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, recién llegados de sus aventuras por el mundo, Paula y Carlos reconocen que la experiencia los cambió, sin dudas, de manera definitiva: a bordo de su velero LaLinda, salieron de la Argentina el 1° de septiembre de 2024 y regresaron con el otoño austral el sábado 11 de abril, casi dos años después, a pocas millas de llegar a Buenos Aires por la radio VHF solamente escuchaban saludos de otras embarcaciones como “Bienvenidos al Río de la Plata”.
Entre el viento y las mareas aprendieron a vivir y disfrutar de las cosas simples, a soltar amarras en todos los sentidos, a agradecerle al mar que los acobijó durante estos años, a cuidar a LaLinda que tantas alegrías les permitió experimentar en esta travesía.
¿Cómo fueron sus inicios en la navegación?
—(Paula) Me metí en el mundo de la náutica cuando lo conocí a Carlos, hace 13 años. Antes de este viaje yo solamente había navegado en Córdoba, en el Rio de la Plata, Angra dos reis en Brasil y las BVI. Aunque soy timonel y buzo ¡Podemos decir que estrene mi título de navegante con 22.000 millas náuticas (risas), de cero a cien sin escalas!.
—(Carlos) Yo comencé a navegar desde pequeño, a los 5 años en optimist y snipe, desde los 8 años soñaba con cruzar el atlántico y todos me decían “pero que niño más soñador”. Con el tiempo hice distintos cursos, como el de Timonel, Patrón, Piloto, meteorología, supervivencia, etc.. Cada vez haciendo navegaciones más largas, desde el mundial de J24 a la regata Buenos Aires – Rio de Janeiro, Copa Galápagos, hasta cruzar 4 veces el Atlántico.
¿Cómo llegaron a La Linda?
—(Carlos) Un día se cruzó por nuestras vidas y fue amor a primera vista. La vimos publicada en internet, fuimos a conocerla y nos enamoramos. LaLinda es un Wind 43, diseñado por Néstor Volker y construida en argentina por Southern Boats, es una embarcación diseñada y pensada para navegar en el mar, ya que pesa 17 toneladas, por lo cual es muy robusta y sólida para navegar en el océano. Al poco tiempo de tenerla empezamos a planificar nuestro viaje por el mundo.
—(Paula) El barco fue construido en un astillero que se dedicaba a construir cruceros, por eso tiene muchos detalles que son increíbles. El diseño del interior es de madera plastificada y curvo, muy moderno y cálido.
¿Cómo fue la decisión de emprender esta aventura?
—(Carlos) Fue un largo proceso, todo empezó un año antes de soltar amarras, cuando empezamos a preguntarnos ¿Qué pasaría si… nos vamos en velero a navegar por el mundo? Un día le dije a Paula: “Te tengo que decir algo. Nos vamos en LaLinda a navegar un año por el Caribe. Ella se quedó atónita sin decir una palabra.
—(Paula) A nivel personal buscaba algo que me dijera que no, pero todo se fue dando y nuestras vidas se fueron organizando. Fue así como la aventura más linda de nuestras vidas empezó a tomar forma.
—(Carlos) Paula siempre define el viaje de una forma muy linda “Cerramos la puerta de nuestro hogar para abrir las puertas del mundo”.
¿Cómo armaron el derrotero de esta travesía?
—(Paula) Todo el derrotero fue armado según la meteorología, pensado para estar en los mejores momentos para navegar en cada lugar, inicialmente íbamos a ir solamente al caribe y volver a argentina vía Azores – Canarias – Cabo Verde. Fue en ese momento donde le dije a Carlos “¿vamos a pasar por la puerta del Mediterráneo y no vamos a entrar?” y así fue como el derrotero se fue mejorando y el viaje alargando en meses…
—(Carlos) La planificación nos tomó más de un año, siempre digo que hay varios capítulos: uno es la preparación del barco, otro el derrotero (según la meteorología), los puertos, los trámites administrativos de cada país para el ingreso, los fondeaderos, la marea del lugar; y por último la parte turística. Todo esto requirió un estudio y planificación previa. Planificamos una agenda con plazos para cada lugar, obviamente fue muy flexible ya que en varios lugares increíbles nos quedamos muchísimo mas tiempo de lo previsto.
Como decía antes, la planificación fue la base del viaje, por ejemplo, seis meses antes de zarpar ya habíamos mandado un correo electrónico a todas las marinas desde Brasil hasta Bahamas preguntando precios, disponibilidad de amarra, profundidad y los servicios con los que contaban. También analizamos los lugares donde podríamos realizar grandes reparaciones en LaLinda en caso de ser necesarias. Hasta lo más básico de cada país, como saber el idioma, moneda, requisitos de ingreso (migraciones, aduana, visa, vacunas, etc..) y la ubicación de los mejores hospitales. El viaje siempre se pensó para realizarlo en un lapso de tiempo determinado, con un principio y un final.
—(Paula) Retomando la meteorología, en el Caribe podíamos estar seis meses como máximo, ya que después empezaba la temporada de huracanes. El cruce del Atlántico era ideal hacerlo en mayo o junio, por una cuestión de vientos. Todo siempre fue pensando para hacer cada tramo en la mejor época para cada singladura.
Con la llave del Mediterráneo en mano entramos por Gibraltar, recorriendo la costa de España hasta llegar a las islas Baleares, donde estuvimos todo el verano. Con los primeros fríos europeos, nos escondimos en Canarias, seguimos a Cabo Verde y el año nuevo lo festejamos cruzando el Atlántico rumbo a Brasil. Con la llegada del otoño, arribamos a Buenos Aires
Me imagino que con tanta planificación también se formaron en primeros auxilios.
—(Paula) La madre de Carlos es médica y nos dio algunas indicaciones: aprendimos a hacer una sutura o cómo poner un inyectable. Obviamente no una operación a corazón abierto (risas)… pero tener en cuenta cuestiones básicas para salir del apuro o qué tomar según cada síntoma.
Llevamos un gran botiquín de medicamentos de todo tipo guardado en tres grandes tuppers y los inventariamos en una planilla, anotando la cantidad exacta, las fechas de vencimiento y su uso.
¿Siguieron trabajando?
—(Carlos) Como el viaje era bastante demandante y los tiempos eran muy limitados optamos por hacer una pausa en nuestros trabajos de oficina.
¿Cómo fue la convivencia?
—(Paula) Siempre nos hemos llevamos muy bien y ahora en convivencia full time aprendimos a conocernos mejor. En la rutina de Córdoba, entre el trabajo y los compromisos, pasabamos mucho tiempo separados y en el barco estamos 24/7 juntos. Siempre decimos que lo más importante es dialogar y ser totalmente transparente si sucede algo. Se armó una sinergia muy linda entre Carlos, LaLinda y yo…
—(Carlos) Un triángulo amoroso… (risas).
¿Qué equipamiento tiene LaLinda?
—(Carlos) Es un barco que siempre estuvo pensando para hacer navegaciones oceánicas, de 43 pies con aparejo cutter, pesa 17 toneladas, el espesor del casco es muy grueso. Esta equipada con un motor Yanmar de 54 HP. El tanque de combustible es de 500 Litros, lo cual le da una autonomía para navegar 1000 millas a motor. Contamos con un tanque de agua de 500 litros. A su vez, tenemos un desalinizador que nos permite obtener 60 litros de agua potable por hora.
LaLinda cuenta con un sistema de energía muy completo, compuesto por 3 paneles solares (total 500w), un generador eólico (400w), y un generador. Su electrónica es de última generación y todo se encuentra por triplicado, como es el caso del piloto automático: Piloto al sector, piloto de viento y piloto de viento electrónico. En comunicaciones contamos con 3 VHF, en términos de comunicación satelital poseemos una antena de Starlink, Iridium e Inreach. En posicionamiento y navegación utilizamos 7 GPS, radar y AIS, todo bajo la red NMEA 2000. Por último, tenemos 2 balsas salvavidas (para 6 personas cada una) y un bote auxiliar.
—(Paula) Somos como una célula sustentable que se impulsa por el viento, el agua la sacamos del mar y la energía del viento y el sol.
—(Carlos) Cuando sos autónomo en un barco realmente sos libre.
¿Cuál fue el criterio que utilizaron en navegación?
—(Carlos) Cuando iniciamos el viaje dijimos que queríamos un viaje con riesgo 0%. En toda navegación, la pregunta más importante es “¿Cuánto queres forzar el barco?”. Siempre preferimos navegar sin exigir demasiado el barco: el mástil de La Linda tiene casi 22 metros de altura, es decir que su superficie velica es muy grande, por este motivo siempre navegamos con 2 rizos en la mayor. De hecho, una gran parte de la remontada de la costa de Brasil fuimos sin la mayor, solo con trinquetilla o la genoa.
Nosotros optamos por un viaje que combine comodidad y seguridad, es por ello que la agenda es manejada únicamente por la meteorología, una buena planificación es sinónimo de viajar cómodos, poder dormir y cocinar tranquilos. Así como también optamos por evitar países o zonas peligrosas para minimizar el riesgo de cualquier incidente.
¿Qué aplicaciones utilizan en las travesías?
—(Paula) Hay muchas aplicaciones, pero creo que Noforeignland es la que más utilizamos. Es colaborativa, generas tu perfil y podes acceder a todos los datos super útiles que necesita cualquier navegante. Como por ejemplo, donde hay una lavandería, donde repostar combustible, repuestos náuticos, mecánicos, etc…
En la travesía, además, colaboraron con la Asociación Ambiente Europeo, una organización no gubernamental que trabaja sobre el cuidado de los océanos.
—(Paula) Sí, colaboramos en uno de los proyectos de ciencia ciudadana que tiene la Asociación Ambiente Europea, llamado proyecto SEALABS, una iniciativa para los navegantes que, mientras realizan travesías o navegaciones de larga distancia, colaboran con la investigación científica para la protección de los mares al obtener datos sobre siete parámetros del agua (temperatura, PH, salinidad, conductividad, solidos disueltos, etc..) utilizando el kit SeaLabs: el cual se compone por un vaso contenedor, un sensor y una app para volcar los datos recogidos. La base de datos es pública, se pueden ver todos los sondeos.
¿Cuáles fueron las cosas más increíbles que les pasaron?
—(Carlos) En el tramo de Azores a Lagos, navegando de noche, nos llamaron por radio. Yo no le entendía el nombre de manera muy nítida: era un francés que nos hablaba en inglés. Muy simpático, nos comentó que había salido de Francia para Martinica y que pensaba llegar en una semana. Yo no lo podía creer, viajaba en un Trimarán de 70 u 80 pies, a 35 nudos, en un tramo que a cualquier velero le llevaría por lo menos tres semanas recorrerlo. Nos pusimos a hablar, yo le dije que viajábamos desde Argentina, me preguntó si era la primera vez que cruzaba el Atlántico: yo muy orgulloso le dije que había cruzado tres veces.
Me volvió a decir el nombre y no le entendí, pero que de más joven navegaba con una gallina. Yo le dije que conocía a un navegante francés que viajaba con una gallina y se fue al Polo Norte. Me dijo: “Soy yo”. Volví a consultarle: “¿La gallina se llama Monique?” Sí, sí, me dijo él. Era Guirec Soudée, una leyenda de la náutica. Yo no lo podía creer, me había visto todas sus películas, me conocía de punta a punta la historia. Había corrido hace cuatro meses la Vendée Globe y ahora estaba entrenando porque quería dar la vuelta al mundo en solitario, pero en sentido opuesto y sin escalas: rompió el récord.
—(Paula) Yo creo que la náutica te enseña de otro tipo de humildad. Le pasamos nuestro contacto, lo invitamos a Argentina. Después nos escribió por Instagram. Fue increíble.
¿Y a qué lugar volverían?
—(Paula) Al Caribe, sin dudarlo. La gente es muy sana, es lindísimo. Tenes a los navegantes que te ven con algún problema y se acercan a darte una mano. También volvería a Bahamas, una y mil veces: cuando baja la marea aparecen playas, con lengüetas de arenas únicas. Hay acuarios naturales, con peces de todos los colores y tamaños posibles. También otro de los lugares que me pareció muy hermoso fueron las Islas Azores, es un lugar impresionante, una isla salvaje, lo más parecido al parque jurásico.
—(Carlos) Si te gusta hacer buceo, en Bahamas tenés todas las especies de peces. Navegas en agua mineral, donde ves la sombra del barco en el fondo de arena. También me gustaron mucho las Islas Canarias y las Islas Bermudas.
¿Cómo se sienten ahora? ¿En qué consideran que los modificó esta experiencia?
—(Paula) Extrañamos seguir navegando por el mundo, conocer nuevas personas, experiencias y vivir en el barco. Podemos decir que vivimos mil vidas en una. Ahora, estamos en transición y adaptándonos en el regreso del mar a la ciudad. Volvimos cambiados, somos diferentes a lo que solíamos ser.
—(Carlos) Aprendimos a valorar las cosas simples de la vida, vivir más presentes, conscientes y en armonía con la naturaleza. Como así también, perseguir los sueños hasta cumplirlos.
¿Cuáles son sus planes ahora?
—(Paula) Tenemos un par de proyectos a largo plazo: ¡A mí me encanta el calor, así que el Caribe es mi lugar en el mundo! Pero esta vez cruzaríamos el canal de Panamá para subir por el Océano Pacifico hasta el mar de Cortes, conocido como el acuario del mundo.
—(Carlos) Tengo fascinación por la Antártida, desde hace mucho tiempo tengo ganas de ir. Es una navegación más dura, fría y requiere mucha planificación. Creo que los paisajes más bellos del mundo se encuentran ahí…
—(Paula) Carlos me quiere convencer diciéndome que vamos a ver un sinfín de pingüinos y ballenas en el camino! En el mientras tanto, pueden seguir nuestras aventuras en Instagram @LaLindaSailing. Saludos desde el Mar!.
Desde «Navegantes Oceánicos» agradecemos a Paula y Carlos que compartan con nuestros lectores su experiencia de navegación y de vida a bordo de un velero en su apasionaye proyecyo «La Linda Sailing».
Enhorabuena y os deseamos mucha suerte en vuestros futuros proyectos. Buenos vientos y buena mar.
