La regatista española entró en la historia de la navegación oceánica tras completar la primera circunnavegación del mundo, sin escalas, realizada por una tripulación formada completamente por mujeres de diferentes países. Fue a bordo del maxi trimarán IDEC Sport, dentro del proyecto internacional The Famous Project CIC.
“Yo soy Támara, con acento, porque mi madre me puso el nombre por el río Tambre en Galicia, que antes de la evolución de su nombre, era el río Támara. Pero claro que creo que es la única que existe con acento en todo el mundo o sea que cuando me llaman ‘Tamara’ también me reconozco aunque me gusta más ‘Támara’”. De esta manera, y con la coincidencia de nuestros nombres en árabe, en hebreo o en gallego, por los significados y las acepciones de las palmeras en un desierto o los ríos que corren por Galicia y su curiosidad de “tocayas” esta conversación llevó unos cuantos meses de correos que cruzaban por el Atlántico.
La primera vez que la contacté, emocionada, fue a principios de este año: Támara Echegoyen, la misma que lo pronuncia con ese acento, acababa de bajar de un trimarán, el IDEC Sport, con una tripulación de mujeres de diferentes nacionalidades y formaciones con las que dio la vuelta al mundo sin escalas en 57 días, 21 horas y 20 minutos de navegación ininterrumpida. Su capitana, la francesa Alexia Barrier, que formó parte del proyecto internacional The Famous Project CIC, fue quien comandó la odisea del recorrido del Trofeo Jules Vernes, una de las pruebas más exigentes de la vela oceánica.
La espuma pasó solo un poco y, en estos días de principios de mayo, con la primavera en España y el otoño en Argentina, la regatista gallega –campeona olímpica en 2012 y una de las grandes referentes de la vela de su país— narró la aventura que comenzó el 28 de noviembre frente a Ushant, en Francia, y culminó en la línea imaginaria que une la costa de Ouessant, entre el faro de Créac’h, en la Bretaña francesa, y el de Lizard, en el Reino Unido, una travesía marcada –sin dudas— por condiciones extremas: temporales y un frío polar, olas de ocho metros, vientos arriba de los 50 nudos, la rotura de velas, los turnos de vigilia y sueño de 3 horas y una exigencia física y psicológica constante, con un solo objetivo por delante: llegar a la meta que, 25 años antes, otro equipo femenino capitaneado por la marinera Tracy Edwards, las primeras en intentar esta hazaña, tuvo que abandonar frente a las costas de Australia.
¿Cómo fueron tus comienzos en la vela ligera?
Empecé a navegar de muy niña: tenía cinco años, era muy chiquitita. Lo hice al mismo tiempo que mi hermano mayor. Mi padre era fan de la vela pero desde el punto de vista del ocio, por disfrutar del mar, nada competitivo. En cambio, mi madre no tiene nadar que ver con la náutica. Pero realmente los dos creían y nos inculcaron los valores del deporte (en la vela y en otros veintipico de deportes más que practiqué en mi infancia).
Lo único que pasó es que, desde el principio, hubo una conexión especial con el mar: desde entonces, mi madre siempre dice que, desde que tenía cinco años, no fui capaz de dejarlo nunca. Fue una combinación de varias cosas: que no provengo de una familia de navegantes, pero que mis padres me dijeron que los deportes eran una buena oportunidad para crecer, probé muchos pero el que me enamoró fue la vela.
¿Tu casa quedaba cerca del mar?
Yo soy gallega, del noroeste de España, vivíamos en una ciudad costera, aunque dependía del coche y del sacrificio de mis padres para ir a entrenar: empecé a navegar en Las Rías Baixas, entonces navegaba en una ciudad con mar.
¿Y qué sensaciones te quedaron ahora, con el transcurrir de los años, de la gran fase olímpica que llevaste adelante durante muchos años?
Es verdad que el tiempo te ayuda a relativizar todo: he tenido una carrera olímpica excepcional, puedo decir, no solo por los resultados deportivos –que al final evidentemente son lo que cuentan y no vamos a mentir en eso–, pero a lo largo de todos mis diferentes ciclos he tenido la suerte de trabajar con gente increíble, de la que muchos años después siguen siendo íntimos amigos míos y que me permitieron ver el camino hacia los resultados deportivos. Por lo tanto creo que fue una etapa de mi vida –casi la mitad de mi vida (risas)— donde pude crecer, exponencialmente, tanto en lo personal como en lo profesional y creo que tuve la suerte y pude alcanzar, sobre el final, casi todos los objetivos que me había propuesto. O algunos, ya sabes que la vida del deporte profesional no siempre es ganar… pero creo que ha sido una carrera deportiva que me ha permitido formarme, que me ha permitido crecer: eso es un lujo poder decirlo sobre todo en algo que tanto amo yo como es navegar. Me siento muy privilegiada.
¿Cómo fue la transición entre la vela ligera y la vela de crucero? Qué diferencias reconocés en la navegación, los campeonatos, las regatas, en veleros de mayor eslora?
Yo, desde pequeña, cuando empecé a navegar siempre tuve grandes entrenadores que me fueron introduciendo en diferentes modelos, por lo tanto siempre estuve muy preparada para hacer cualquier tipo de posición en un barco. De hecho, cuando era joven, he navegado con gente de muy alto nivel de los que he aprendido mucho. Entonces sobre todo ese bagaje, con la experiencia olímpica, me han convertido en una regatista muy completa, me fue abriendo diferentes puertas que logré aprovecharlas para seguir creciendo.
No es fácil: cuando cambias de uno a otro hay un gran componente de humildad. Quizás seas la mejor pero, posiblemente, aquí no lo seas, por lo tanto ese componente creo que es muy importante para introducirte en nuevos equipos, de tener la mentalidad abierta porque seguramente haya cosas que no conocés y tengas que aprender a conocer, o que otros en ese departamento puedan ser quizás mejor que tú. Creo que esa actitud de honestidad es la que me ha movido todos estos años, me ha permitido crecer y también conectar con diferentes equipos. Esa rueda, una vez dejada la campaña olímpica, se empezó a mover y al final dejas buena sensación con la gente que trabajas, cuando ven que tienes disponibilidad de tiempos son ellos mismos los que te ayudan a abrir esas puertas.
Entré a este nuevo proyecto, por ejemplo, con regatistas que sabían que ahora tenía tiempo y que querían trabajar conmigo. Por eso ahora se abren nuevas puertas, en este o en otros proyectos, al menos yo creo que lo hice de esta forma, claramente formándome y aunque continuaba navegando en otro tipo de clase (porque todo forma) cuando surgió una oportunidad me sumé. Aún ahora estoy intentando crear mi nuevo hueco profesional.
¿Cómo fue la experiencia de la vuelta al mundo con una tripulación exclusivamente femenina, un verdadero hito en la historia de la navegación del mundo?
Yo creo que, al final, toda mi vida he hecho vela olímpica femenina y es verdad que siempre he navegado en barcos pequeños. Entonces para mí también era un reto. También había algunos pensamientos que volvían sobre mí sobre lo que iba a encontrarme. Lo que más me sorprendió de este equipo femenino es que era multicultural pero que también había diferencia de nivel: no por mejores ni peores, si no niveles. Había profesionales en trimado, otros en performance, otros (como yo) en vela olímpica que, al final, fue un mix de conocimientos que era empoderador. Luego, claramente, éramos todas chicas pero creo que –al final— la forma de trabajar o los conflictos viene marcada por el liderazgo.
Creo que, hasta cierto punto, lo que respiré, es que en un entorno donde hay respeto y confianza finalmente el trabajo es continuo y muy bueno. Lo que más me sorprendió fue el trabajo diario, la resiliencia, no rendirse o buscar soluciones: todo eso creo fue una grata sorpresa e impresionante. Justamente porque el equipo pasó por situaciones donde hubiera sido más fácil decir: ‘Oye, lo hemos intentando todo’ y, sin embargo, nunca hubo esa sensación. En cambio, pensábamos cómo vamos a hacer, cuál es el paso siguiente. Siempre lo pienso –por ejemplo—cuando decidimos atravesar la tormenta en el Índico: fue una decisión muy complicada, sin la vela mayor, pero había una sensación de seguir y seguir que fue increíble.
Yo, cuando crucé la línea, pensé: esto fue porque había un objetivo en común que todas queríamos cumplir y se hizo, justamente, porque todas teníamos claro cómo íbamos a seguir luchando. Yo creo que eso me dio una buena lección de vida, porque muchas veces encasillamos a los equipos femeninos con ciertas características que no tienen que ver con femenino o masculino si no con características individuales y personales de ese equipo o el tipo de liderazgo que se quiera llevar adelante. Para mí fue una experiencia muy enriquecedora, sobretodo en competencias donde no solo hay que pensar en el resultado deportivo si no en marcar un referente que abra las puertas a más, que realmente sea empoderador.
¿Qué significó en lo personal, en lo íntimo, este hito?
Yo vengo del mundo del alto rendimiento, los resultados son el centro de mi vida y muchas veces tengo que adaptarme. Yo salí con unas expectativas de resultados. Tampoco la idea era batir el record, porque todas somos coherentes en este tipo de entrenamiento, nadie va a ganar la primera vez, sean hombres o mujeres, por lo tanto fui y soy coherente con las expectativas. Sí, en cambio, sabía que era muy importante para nosotras hacer un tiempo por lo menos de 50 días. Cuando empezaron las roturas en el barco, evidentemente el registro baja y pensamos que las expectativas de este tiempo no se iban a cumplir.
Ahí, entonces entra en juego una parte muy importante que es reajustar tus objetivos pues que hay otro más trascedente aún para este barco que dar la vuelta al mundo y transformarse en referentes para darle visibilidad al deporte femenino y porque solo cruzar la línea lo va a hacer. Habrá gente que lo entienda y que no lo entienda pero es un referente que seguro puede abrir nuevos caminos. Lo más importante, para mí, además de la referencia y el hito histórico es que ayude para haya otro barco femenino, dentro de poco, en una regata como esta o una más pequeña, bata nuestro record, que haya más y más barcos.
¿Cómo fue la vida a bordo, las guardias, la convivencia?
Hubo momentos buenos, un poco más duros, la última semana para todas fue devastadora psicológicamente porque cada vez estábamos más cerca de nuestro objetivo pero cada nueva rotura nos hacía retrasar mucho más la llegada. Entonces, para mí, desde Azores, con (la tormenta) Ingrid y la rotura de la mayor se hizo muy duro.
En primer lugar porque ya llevábamos 10 días más de lo que pensábamos, después el cansancio psicológico (porque tú no te das cuenta porque estás en modo loop y sigues trabajando pero interfiere directamente en tus emociones), que tienes que gestionar todo eso al mismo tiempo para pensar en cómo hacer, con lo que tienes, para ir más rápido… Esas semanas, al mismo de sentirse gratificantes, fueron muy duras.
En el Cabo de Hornos vivieron un momento histórico, en la larga historia de las regatas oceánicas, ya que nunca antes una tripulación completamente femenina había alcanzado ese punto. Además, con condiciones del mar muy adversas, olas de ocho metros, vientos de 50 nudos.
Uno de los mejores momentos fue el Cabo de Hornos: fue épico. Sobre todo por unas condiciones que se dan en el Océano Pacífico, frío, perturbador, de repente cruzar esa parte que es hermosísima, donde vienes de lo más profundo y duro, y de repente pones “el camino hacia casa”.
Para mí el Cabo de Hornos siempre ha sido uno de los mejores momentos de esta vuelta al mundo. Lo que no quiere decir que hubo momentos de todo y, al final, tengo recuerdos muy buenos con las guardias con mis compañeras, de habernos convertido en el segundo barco más rápido del Cabo de Hornos al Ecuador, los tiempos, pequeños hitos que se fueron consiguiendo y que hicieron que el día a día fuera muy gratificante también.
¿Cómo ves hoy la evolución de la vela en España? ¿Cuáles son los principales retos o dificultades?
La vela está cambiando un poco de acuerdo a los proyectos, por ejemplo, con la Copa América, por los patrocinadores que contratan a regatistas profesionales y que fue mutando un poquillo a armadores. Al final, creo que yo, que en España no hay mucho armador porque la mayoría está navegando para equipos extranjeros pero a nivel olímpico creo que es un potencial. Los jóvenes consiguen sus objetivos, vienen pisando fuerte y tienen mucho que decir.
Luego creo que en los navegadores oceánicos estamos un poco igual, porque necesitamos de patrocinadores que quieran sacar adelante proyectos que den más cabida a los españoles. Pero ese es también un cambio que se está dando en todos los países y que hay que adaptarse un poco. España tiene regatistas muy buenos que triunfan, tristemente, fuera del país porque aquí no tienen cabida.
¿Cuáles son tus planes ahora?
Si tuviese la posibilidad de elegir, lo que estoy haciendo, me gusta. Creo que en este mundo profesional rodearse de otros regatistas, de otros países, es muy enriquecedor. Creo que hay competiciones, por ejemplo, a nivel profesional, donde me gustaría tener mejor oportunidad de estar dentro porque hay veces que no la tienes o es muy reducida, podemos hablar de la Copa América, donde siempre dependes de un equipo español para poder estar allí. Entonces hay veces que se dan situaciones que no van con el tiempo actual de tu país y que me encantaría poder estar ahí porque, al final, son grandes competiciones.
No soy una persona que se quede en casa quejándose pero sigo buscando oportunidades profesionales. También seguir probando otras clases y formarme en el mundo profesional por lo que, si en algún momento salen proyectos oceánicos que puedan interesarme, creo que lo intentaré. De momento estoy en un sitio donde me encuentro bien y feliz, que me está regalando cosas que no imaginaba.
¿Estás pensando correr la Ocean Race 2027?
Sí tuviese la posibilidad lo plantearía, pero siento que no he tenido contactos con equipos ni me he puesto a buscar. Porque este año he terminado de dar la vuelta al mundo y, a nivel oceánico, si hago algo debería ser más pequeño. En algún momento tendré que levantar el pie si quiero cargarme el 2027 (risas). Estoy en un momento, ahora, abierta a las posibilidades. Me gusta mucho la gestión del deporte, por ejemplo, más que ser entrenadora, sé que hay ofertas para también poder meterme en eso. La forma de conseguir resultados es trabajar en equipo de muchas maneras en departamentos y por eso creo que hay que darle un plus a la gestión de cómo hacer campañas olímpicas en grandes equipos.
Me gusta mucho la gestión de personas, por lo tanto seguramente aquí, un poquito más adelante, me pondré con eso. Ahora mismo estoy centrada en evolucionar un poco más en mi vida profesional en la vela, aunque tengo ganas de seguir y competir, abierta o con tiempo a posibilidades. Esperando que surja algo oceánico que quiera coger, porque ya te digo que si no mi madre, literalmente, me mata (risas).
¿Estás en el medio del océano y te pide que te abrigues?
Mi madre, cuando terminé la primera vuelta al mundo, me dijo: ‘Bueno, una ya está’. Es lo único que me dijo: aguantó toda la vuelta al mundo sin decirme nada. Ya, cuando le dije sobre esta, no pudo. Por eso la siguiente también tengo que pensar en la salud mental de la gente que me quiere. Mi madre es muy fan mía, hay que pensar que en la anterior no teníamos conectividad y en esta sí te permiten tener Starlink, es verdad que yo no tenía mi teléfono personal porque al final el tiempo para descansar es para eso, el tiempo para trabajar también, entonces había un teléfono del barco y ella podía escribirme o de repente si había un día duro le mandaba un mensaje de voz y como me escuchaba entonces se quedaba más tranquila.
Entonces esta le gustó más, la comunicación ayuda muchísimo y estaba más controlada, en contacto conmigo, con noticias… Ya la segunda venía con más experiencia (risas). Además, cuando terminé la fase olímpica pensé: “Me voy a tomar un año sabático” y me fui a dar la vuelta al mundo. Ahora llevo tres meses y mira…
Enlaces:
Desde «Navegantes Oceánicos» damos la enhorabuena a Tamara Echegoyen, campeona olimpica y mundial, por su vuelta al mundo a vela, y le agradecemos su colaboración en esta interesante entrevista.
Mucha suerte en tus próximos proyectos, buenos vientos y buena mar.
