Marion Schreiber, feliz al timón. Imagen: Pedro Urrutia.

La Ocean Globe Race 2023/24 ha sido una apasionante regata de vuelta al mundo a vela, con tripulación completa y con escalas, que ha rememorado el 50 aniversario de la primera regata Whitbread 1973. Han participado veleros de la misma época que hace 50 años, con la misma ruta y navegando con el mismo espíritu y tecnología. Entre los veleros que han completado la vuelta al mundo a vela se encuentra el “White Shadow”.

El «White Shadow» es un velero de bandera española, modelo Swan 57 y diseño de Sparkman & Stephens, de 1978. Su Capitán es Jean-Christophe Petit, y ha llevado una tripulación multinacional formada por 12 personas, en la que se ha combinado veteranía y juventud; y parte de la tripulación ha rotado en las diferentes etapas.

La primera etapa (LEG 1) comenzó en Southampton (U.K.) el 10 de septiembre de 2023 y los participantes llegaron a Ciudad del Cabo (Sudáfrica). En la segunda etapa (LEG 2), atravesaron el océano Índico hasta Auckland (Nueva Zelanda). En la tercera (LEG 3) arribaron a Punta del Este (Uruguay), después de atravesar el océano Pacífico y el Cabo de Hornos.  

En la cuarta etapa (LEG 4) los veleros han cruzado de nuevo el Atlántico, para finalizar en Cowes. El “White Shadow” completó la vuelta al mundo el pasado 24 de abril de 2024, más de seis meses después de comenzar la primera etapa.

Entre los tripulantes del «White Shadow» en la cuarta etapa (LEG 4) se encuentra Marion Schreiber, apasionada navegante y amante del mar. Marion es de nacionalidad alemana-colombiana y vive en Barcelona, desde donde participa en múltiples proyectos de navegación, incluyendo travesías de navegación astronómica, mientras restaura su propio velero.

Agradecemos a Marion que nos cuente su experiencia en esta épica aventura, en la cuarta etapa de la vuelta al mundo a vela a bordo del “White Shadow”.

Marion Schreiber, llegada a Cowes. Imagen: Pedro Urrutia

Entrevista a Marion Schereiber, tripulante del «White Shadow»

Marion, ¿Cuándo comienza tu relación con el mar? ¿Cómo son tus comienzos en el mundo de la navegación a vela?

Siempre he sentido un vínculo muy fuerte con el mar y eso que crecí bien lejos de él. Me inicié a la vela a los 25 años, cuando me apunté por casualidad a una travesía tipo PER a bordo en el mar Báltico, en Alemania. Esa travesía me cambió la vida. Descubrí lo que era la vida a bordo y una forma de viajar de manera lenta a sitios remotos. Navegué mis primeras 300 mn sin GPS por islas danesas sin saber cuánto me iba a cambiar a mi ese viaje. Desde entonces no he parado a navegar.

¿Qué te impulsa a embarcarte en esta aventura de participar en la LEG 4 de la vuelta al mundo “Ocean Globe Race”?

La aventura y el reto me llamaban. Siento una atracción muy fuerte por el mar y la navegación, entre más exigente, más emocionante. Me llamaba mucho la atención la parte “vintage” de esta aventura. En otras ocasiones ya había navegado sin GPS y con Sextante y me parecía algo apasionante. Navegas de forma más consciente y desconectas del todo.

¿Cómo ha sido tu experiencia a bordo del “White Shadow” en esta última etapa en la que has participado?

Mi experiencia fue maravillosa. Necesité unas dos semanas para realmente aterrizar a bordo y a acostumbrarme del todo al ritmo de las guardias. El proyecto había empezado para mi dos años antes de embarcar, la preparación fue larga e intensa y de repente estaba saliendo en velero desde Punta del Este, Uruguay. Había esperado tanto tiempo ese momento que me costó asimilar que había llegado realmente.

A bordo todo es más sencillo, todo se reduce a lo esencial y al final vives el presente sin ninguna distracción. Tu día a día se reduce a timonear en tu guardia, a hacer algunas maniobras (básicamente cambios de vela, porque de rumbo íbamos 80% del tiempo de ceñida) comer, dormir y a repetir esa rutina durante siete semanas. La navegación fue leve, la vida a bordo más intensa. Lo disfruté todo mucho y fue una oportunidad de conectar con la naturaleza que te rodeaba, con la tripulación y contigo mismo.

Sentí en mí una evolución grande (personalmente y en el ámbito de la navegación) desde el primer día que embarqué al White Shadow al último, llegando a Barcelona.

Paso del Ecuador. Imagen: Pedro Urrutia.

En la etapa 4 habéis atravesado el océano Atlántico y cruzado el Ecuador, ¿Os ha visitado el rey Neptuno? ¿Lo habéis celebrado?

Los siete Rounders que habían cruzado el Ecuador en la etapa 1 nos prepararon nuestro ritual. Jean-Christophe se metió totalmente en su papel de Neptuno: Envuelto en una sábana, con trapos en la cabeza y con un tridente en la mano, salió del interior del barco a bautizarnos.

Éramos 5 tripulantes que aún no habíamos cruzado el ecuador y que teníamos que pedir permiso para pasar del hemisferio sur al hemisferio norte. Con su puesta en escena bien dramática, Neptuno nos bendijo y nos bautizó con una mezcla de café, copos de avena, salsa de tomate y sardinas. Cada uno habíamos escrito unas palabras a Neptuno y junto con una ofrenda personal las lanzamos al mar.

Fue un momento muy memorable que solo se celebra una vez como navegante, así que fue bastante especial. 

¿Qué destacarías de la vida a bordo durante una travesía tan larga en un velero? ¿Cómo es la convivencia y la rutina diaria?

La convivencia es sin ninguna duda lo más retador. Compartes entre 12 un espacio pequeño durante 7 semanas. Aunque pocas veces te juntas todos los 12, se siente la presencia de tanta gente y el velero se siente a veces pequeño. Lo más importante es tu actitud y no tomarte nada personal. El cansancio, la humedad, el calor y el hambre pueden sacar lados más desagradables de todo el mundo y a bordo lo vives todo más intenso. Así que hay que ser muy tolerante y tener mucha paciencia.

Lo malo destaca rápido, pero decir también que la convivencia tiene su parte maravillosa. Al fin de cuentas estas viviendo una aventura que te marcará para toda la vida y la compartes con tu tripulación, especialmente con tu guardia. Recuerdos que permanecerán para siempre serán, para nombrar unos pocos: La hora del Mate a la hora del atardecer; el intercambio de libros y dedicarle tanto tiempo a la lectura; escuchar música con un walkman e intercambiar mixtapes; las incontables partidas de ajedrez, me aficioné; los intentos de practicar yoga con una escora notable; las asambleas semanales en las que valorábamos cada uno la semana pasada y brindábamos con una botella de vino entre 12 y simplemente el estar juntos, hablar, cantar, permanecer en silencio contemplando el mar y reírnos mucho.

Vives una aventura y la disfrutas al máximo. Agradeces lo más básico que se convierte en algo esencial e indispensable.


Tripulación de la etapa 4. Imagen: Pedro Urrutia.

 En esta regata se navega de forma tradicional, obteniendo la situación con el sextante, ¿Es más complicado que navegar en un barco más moderno?

Es diferente y requiere más trabajo. Con el GPS nos relajamos mucho hoy en día. Navegar de forma tradicional te obliga a estar atento. Tomas las mediciones necesarias durante el día y luego tienes que dedicarles aún más tiempo a los cálculos. El seguimiento del cuaderno de bitácora cada hora se vuelve esencial para poder navegar también por estima. Es una forma de navegar mucho más consciente que solo con el GPS.

¿Qué ha resultado más duro, los fuertes vientos o las calmas ecuatoriales?

Diría que en general lo más duro suelen ser las calmas. Te obligan a no hacer nada y a buscarte una ocupación, sean en forma de ocio o trabajos a bordo. Tienes que tener paciencia y esperas a que entre viento. Al timón se hacen más duras, porque ves que no puedes mantener bien el rumbo y no avanzas. Yo disfruté tanto los vientos fuertes (que en la etapa 4 no tuvimos casi) que las calmas, que te obligaban a bajar revoluciones.

Marion Schreiber, mi posición en las maniobras del White Shadow. Imagen: Pedro Urrutia

La llegada a Cowes ha sido la culminación de un gran esfuerzo para todo el equipo, que ha completado con éxito esta gran aventura. ¿Cómo ha sido este momento?.

La llegada a Cowes fue muy emocionante! Durante la etapa 4 había dos sentimientos presentes, sobre todo lo veías en los Rounders: Para ellos la cuarta etapa significaba el fin de la vuelta al mundo, así que por un lado disfrutaban a fondo este último trayecto y a la vez notaban la vuelta a casa más cerca. Había momentos melancólicos y también de incertidumbre con lo que les deparaba el futuro una vez de vuelta a tierra firme. Los leggers embarcábamos en una aventura “nueva”, asi que ese sentimiento más melancólico del fin del proyecto nos llegó mucho más tarde, los últimos días antes de llegar a Cowes.  

¡La llegada no pudo haber sido mejor! Entramos al estrecho del Solent con corriente a favor, con una velocidad de 10 nudos. Nos recibieron familiares, amigos y algunos tripulantes de otras embarcaciones y la felicidad de haber logrado semejante reto era exuberante. Fue un final muy memorable.

Para finalizar, Marion, ¿Repetirías esta aventura de navegación oceánica?

¡Si! Sin ninguna duda volvería a embarcar. Una etapa se me hizo corta. Al llegar a Cowes hubiera podido seguir una etapa más. De hecho, realicé también el transporte de Cowes a Barcelona y me permitió aterrizar un poco más suave, navegando y teniendo de vez en cuando contacto con tierra.

Ahora me llaman el Océano Indico y el Pacifico. A ver qué aventura me espera en un futuro. 

Desde «Navegantes Oceánicos» agradecemos a Marion Schreiber su apoyo con esta entrevista, y le deseamos mucha suerte y buenos vientos en sus próximos proyectos y navegaciones.

Nuestro agradecimiento a Pedro Urrutia, tripulante del Whita shadow y realizador de las fotografías de este artículo.