Tupac Amaru Sailing: “Creo que restaurar un barco es la forma más ecológica y sustentable de ponerse hoy a navegar”

Quizás se pueda decir que Manuela Sáez y Raúl Ferrer Justo, aún cuando no se conocían, se la pasaban mirando el cielo: las nubes, los astros, las estrellas, la galaxia, en fin, el espacio. Manu –como la llaman— porque estudió Astronomía y hasta se doctoró con una investigación científica de oscilaciones de neutrinos provenientes de explosiones estelares. Trabajó en Estados Unidos, Alemania y Japón, investigando en lugares como el Instituto Riken o la Universidad de California en Berkeley. Eso sí: hasta poco antes vivía cerca del océano, en Mar de las Pampas, un pueblo de poco más de 100 habitantes en la Costa Atlántica de la Provincia de Buenos Aires. Rau porque siguió Ingeniería Aeronáutica en la Universidad Nacional de La Plata, apasionado por el vuelo de los aviones y los oficios como mecánica, electricidad, carpintería y herrería.

Sin embargo, nunca se imaginaron que después de tantos años de estudio y trabajo, lo que los unió fue la calma del agua: desde 2024 navegan en el Tupac Amaru, un velero de acero oceánico de 35 pies, que restauraron prácticamente desde cero. “Vivimos de una forma muy simple, compartimos lo que somos y aprendemos en cada puerto. Este no es un viaje para escapar, sino para habitar el mundo de otra manera. Después de recorrer Europa, África y América, el Tupac quedó varado en Uruguay. Fue ahí donde lo encontramos a principios de 2024, en un estado casi de abandono y lo compramos a un precio simbólico. Durante meses Rau se dedicó a repararlo con sus propias manos —velas, timón, electricidad, motor y cada rincón del casco— hasta que, en noviembre de 2024, zarpamos. Es, sin dudas, nuestro hogar flotante”, dice Manu ahora.

Desde hace unos meses, amarrados en el puerto de La Paloma, en la costa de Uruguay, a 90 kilómetros de Punta del Este, conversan sobre sus planes y sueños a bordo de su velero para contar también por qué llevan una vida atípica, donde no acumulan cosas, no siguen un rumbo fijo ni tampoco tienen certezas. Les interesa difundir contenidos de ciencia, continuar con sus trabajos y llevar una vida austera. Sin embargo, les gustaría mostrar que hay otra forma de vivir posible, cerca del mar, el viento, las estrellas y las olas, con la restauración de un barco de 1986, con casi cuarenta años de historia y la bitácora de todos sus navegantes anteriores con singladuras y travesías a bordo por todos los mares del mundo. “Nos mandan fotos de familias que se criaron, parejas que se formaron a bordo, puertos donde amarraron, no conocemos a todos los dueños anteriores pero siempre nos llegan historias de este velero”.

Manuela Sáez 2

Manuela Sáez (Manu)

Raúl Ferrer Justo

Raúl Ferrer Justo (Rau)

Entrevista a Manu y Rau (Tupac Amaru Sailing)

¿Cómo fueron sus comienzos en la navegación?

(Rau) Llegué a la náutica por amigos muy cercanos o los padres de estos amigos que eran navegantes y me contaban sus historias de travesías. Entonces empecé a entrar en ese mundo a partir de los propios cuentos de estos adultos que me compartieron historias de cómo era navegar o vivir a bordo de un velero. En algún momento eso prendió en mí, fue creciendo, de repente conocí más gente, hice el curso de timonel y tuve mi primer contacto directo con la navegación a vela.

Después tuve la oportunidad de viajar a Brasil y trabajé con deportes acuáticos, conocí más gente que vivió en barcos y me comenzó a cerrar la idea de que era posible, realizable. No quería pensar en que tenía que ahorrar un montón de plata y que algún día, cuando me agarraran los 50 o 60 años, pudiera comprar un barco: de hecho, en ese momento conocí gente que trabajaba de su propia profesión y la trasladaba al ambiente náutico como un técnico dental, en un pequeño barco de acero, que iba a puerto en puerto ofreciendo sus servicios a bordo del velero. Se las ingeniaba para trabajar como hacemos todos. La idea comenzó a hacerse más factible. 

(Manu) Yo estudié Astronomía, hice un doctorado, cuando nos conocimos estaba en el exterior con una beca académica. Pero siempre me gustó mucho el mar, el surf, el kayak, viví y crecí en Mar de las Pampas, en Villa Gesell, a media cuadra (del océano Atlántico) y había navegado en el río o en un lago en la Patagonia pero nunca timoneado un barco. No estaba en mi mente la posibilidad de vivir en un barco, no era una ocurrencia hasta que lo conocí a Rau y comencé a conocer a familias que viven en un barco, a sus amigos que viven en un barco…

¿Cómo llegaron al Tupac Amaru?

(Rau) Ya con esa búsqueda en la cabeza conseguí un barquito de madera para restaurar, un cadete de Frers, que me llevó bastante tiempo poner en condiciones. Fue mi primer gran barco, me dio muchas alegrías y navegaciones tanto con amigos como en solitario. En ese barco hice una primera navegación desde La Plata hasta Colonia, luego Montevideo, llegué hasta La Paloma, Uruguay, porque era lo más lejos que consideraba que podía alcanzar con este barco. Ahí me mudé y. ya viviendo a bordo (aunque no entraba ni sentado, porque soy alto y no lograba hacerlo derecho, porque es un velero que tiene una cabina muy reducida y el techo es muy bajo), quería buscar un barco más grande en Panamá, por ejemplo, donde los costos son menores pero apareció el Tupac.

¿Cómo es el diseño del barco?

(Rau) El Tupac es un barco de acero oceánico, un Caroff, de un diseñador francés y también construido en un astillero en Francia que ya no existe más: la pareja que lo tenía entonces venía navegando desde Europa y planeaban ir a la Patagonia, en Argentina, pero los agarró la pandemia en Uruguay. En ese momento pensaron que en 15 o 20 días iba a pasar todo y se fueron a Estados Unidos (porque ella era de allá). La pandemia se extendió y el barco quedó cuatro años, prácticamente abandonado, en Montevideo. En un momento volvieron a buscarlo con la idea de llevarlo a Estados Unidos para restaurarlo y él solo llegó hasta La Paloma, con las velas rotas, muchas cosas para hacer, además habían sido padres hacía muy poco y no era el momento para eso.

Entonces decidió dejarle el barco a alguien y me lo vendió a mí, por un valor simbólico pero que era todo el dinero que yo tenía (risas). Era un desastre, por un montón de cosas… Más allá del diseño francés todos los interiores fueron hechos de manera amateur, tiene un palo, 35 pies.    

¿De qué manera lograron restaurar un velero de acero oceánico?

(Rau) Ese invierno me lo pasé en La Paloma cortando chapas, soldando, tratando de ponerlo a son de mar, porque Uruguay te da un periodo de nueve meses para amarra y si se pasa ese tiempo tienen que inspeccionar el barco para ver si está en condiciones de navegar y eso sale mucho dinero. Entonces busqué salir antes de los nueve meses y me puse a trabajar con todo: los últimos dos o tres meses que me quedaban nos conocimos con Manu y se vino a vivir conmigo, le metimos juntos a la restauración y partimos a Brasil con el barco como estaba, que dejaba mucho que desear en términos de habitabilidad y confort pero para navegar andaba muy bien.

Digamos que en un primer momento nos ocupamos de las condiciones de navegar entonces había que arreglar el motor, las velas, la jarcia. Pero también había mucha corrosión, que es el principal problema de estos barcos de acero, por el salitre (agua salada) que es muy perjudicial para el metal, sobre todo en los lugares donde el agua no tiene forma de escaparse como las ventanas o el cockpit. Entonces había que cortar y poner chapa nueva: eso llevó mucho tiempo.

Tupac en Varadero
Raúl Ferrer Justo

¿Cómo fue esa travesía con el barco a medio restaurar?

(Rau) La idea era llegar hasta Portobello que era donde había conocido a todos estos amigos que me sumaron a la vida náutica y cuando estábamos en ese lugar dijimos sigamos un poco más: llegamos hasta Río de Janeiro tocando muchos puertos en el camino. La chapa no la habíamos logrado terminar de arreglar el invierno anterior entonces cuando llovía era un colador: estaba difícil, pero como estábamos contentos, cumpliendo el sueño, no nos importaba. Ahora estamos en Uruguay de nuevo y terminando de poner a punto todo lo que faltaba de chapa, cortando y soldando chapa nueva.

También sacamos el barco del agua y le hicimos el fondo, que tenía corrosión pero no tan grave porque es reforzada y gruesa. Lo dejamos en muy buen estado: nos quedan por pintar algunas partes de la cubierta para proteger mejor pero lo estructural y más importante está listo. Nos falta mejorar el interior ahora, porque para acceder a los lugares para soldar chapa tuvimos que desmantelar todo desde adentro con los revestimientos y la aislación del velero… También agregamos un arco para poner paneles solares en altura, estamos armando una chubasquera o cuestiones más relacionadas con los sistemas como el piloto automático.

(Manu) Claro, había que desarmar muchas partes para llegar hasta la chapa. Entonces ahora viene la parte de restaurarlo por dentro y dejarlo más como nos gusta a nosotros, con un camarote a proa para cuando vengan invitados como familia o amigos… Siempre habrá más cosas para hacer. ¡Pero nunca estuvo tan bien como ahora!

¿Cuáles son las principales características del Tupac a la hora de navegar?

(Rau) Es un barco robusto: da una sensación de seguridad tremenda, porque es un velero muy fuerte, todo el casco muy reforzado, se siente muy seguro. Es lento, pesado, pero con buenos vientos navega como cualquier barco. Me gusta que también corta las olas con mucha suavidad, tiene una dinámica que hace que no sean a puro golpe como los barcos más livianos quizás y las atraviesa o las corta con más suavidad. Se siente muy bien.

El barco sigue en reparación, pero ahora viven y viajan al mismo tiempo porque el Tupac ya navega. ¿Cómo manejan los tiempos en su hogar flotante? ¿Cuáles son sus próximos planes?

(Rau) Por ahora seguimos en La Paloma, que nos encanta, es muy tranquilo y en el puerto se da una comunidad de navegantes de todo el mundo: hay gente de distintos países, que viene de cruzar el océano, que sigue viaje a la Patagonia o que sube para Brasil. Es uno de los más económicos, tiene energía, agua, amarres, muy bueno. En un principio la idea fue ir a Panamá, cruzar el canal, dar la vuelta al mundo pero también la realidad es que nos tiran muchos las familias, sentimos estar lejos y no es algo menor en este momento.

(Manu) La Paloma es el último puerto hasta Brasil y es un sitio que está muy bueno también para trabajar en el barco porque tiene una explanada que sirve para ponerlos a punto, sobre todo para los que deben hacer arreglos para continuar con sus travesías. Nos encantaría seguir viviendo a bordo, formar nuestra familia y pronto iremos a Brasil también navegando cuando terminemos estas últimas cosas. Siempre vamos improvisando, día a día, porque no sabemos, no nos nace poner un plan o promesas como hacen otros navegantes. La idea es viajar y conocer todo lo que podamos pero iremos viendo sobre la marcha.

En su portal mencionan que llevan una vida atípica, un poco al borde del sistema, en estos tiempos de consumismo extremo es interesante también pensar en una restauración más que comprar algo nuevo y flamante. ¿Por qué lo piensan así?

(Rau) Eso también charlamos en estos días sobre el consumismo: la importancia quizás de restaurar un barco, de salvarlo del desaguace, del abandono, del olvido. Creo que es la forma también más ecológica y sustentable de ponerse hoy a navegar. Se habla de manera constante en estos términos y, sin embargo, este velero hubiera ido a parar a un desarme.

El hecho de rescatarlo tiene una huella ambiental mucho menor que fabricarlo de cero y además de volverlo a la vida. Justamente con la idea además de restaurarlo para que cada vez sea más autónomo, en el sentido de generar su propia energía, de reciclar sus desechos, hay algo de acción política a la hora de restaurar un barco que nos atrapó.

Más allá de la cuestión espiritual de que los barcos tienen “alma”, con su vida y sus historias, nos parece importante porque eso también lo carga de otra energía. Antes de salir a comprar un barco busquen uno para restaurarlo. Es una acción muy linda y significativa, para nosotros, por eso, que continúe navegando y siga contando historias con agua debajo su quilla.

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Desde «Navegates Oceánicos» agradecemos a Manu y Raúl su colaboración en esta entrevista y les deseamos buena suerte en este apasionante proyecto de restauración de un  velero oceánico y de navegación.

Buenos vientos y buena mar. Os seguiremos!

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