Theodora Prado fué la primera mujer, en solitario, en completar esta regata tradicional que comienza en Ciudad del Cabo, África, y concluye en Río de Janeiro, Brasil. El recorrido de la icónica Cape to Rio Yacht Race –también conocida como South Atlantic Yacht Race— alcanza entre 3400 y 4500 millas náuticas y comenzó hace casi cincuenta años para alentar a los navegantes sudafricanos a intentar travesías oceánicas. 

Theodora Prado comenzó a tomar clases de surf, después de la pandemia de COVID-19, entre las olas de Ubatuba, en esas playas de paraíso entre el morro (montaña) y el mar verde-turquesa y cálido del centro de Brasil. Los veleros pasaban por esa costa bastante cerca y ella soñaba con subirse a alguno de esos barcos. Sin embargo, nunca se imaginó que, a los 28 años, iba a ser la primera mujer en completar –en solitario—una de las regatas más exigentes y tradicionales de su país, la Cape2RioRace, que recorre la ruta que va desde Ciudad del Cabo, Sudáfrica, hasta Río de Janeiro, en Brasil, en una travesía que alcanza entre 3400 y 4500 millas náuticas en total.

La joven, que originalmente había estudiado Finanzas y trabajaba en una empresa en San Pablo, obtuvo este logro con pocos años de experiencia en navegaciones oceánicas y, sin embargo, la cruzada le llevó solo un mes, a bordo de su velero de 31 pies, el Suidoos 2 (que significa Sudeste, en africano, es un tipo de viento de esta región en Ciudad del Cabo que alcanza hasta cincuenta nudos por una semana). En esa travesía debió sortear desde el acercamiento de un barco pesquero (en una ruta muy poco comercial) hasta el ojo de un ciclón a poco de su arribo, a la altura de Cabo Frío, muy cerca de Río de Janeiro. “Ahora estás en la boca del león, vas a tener que aguantar un poco más, es el peor lugar donde tú podrías estar nunca”, le dijo un amigo muy sincero cuando vio de cerca la meteorología de la región.

La Cape2RioRaceuna lleva corriéndose más de cincuenta años: comenzó en 1971. Desde el principio atrajo un gran interés internacional, pues se trata de una regata fascinante y táctica, que exige tanto marinería como conocimiento de las condiciones meteorológicas, siendo la regata más larga del hemisferio sur. Tras salir de Ciudad del Cabo, los participantes se dirigen al noroeste hacia la isla de Ilha Trindade, y desde allí al suroeste hacia Sudamérica. Al acercarse a la costa, los patrones deben decidir si tomar la ruta más larga –con vientos fuertes– o una ruta más directa –con vientos suaves–.

Theodora, ¿Cómo fueron tus inicios en la navegación?

Yo comencé a navegar en Ubatuba, en el Estado de San Pablo, Brasil, que es la ciudad donde vivo actualmente. Fue hace unos seis años atrás. Hasta ese momento yo trabajaba en Finanzas en San Pablo y cuando hice mi primera navegación oceánica decidí que no podía volver a vivir en una ciudad como esa: era imposible en ese caos.

Después de esto comencé a buscar y trabajar en cuestiones relacionadas con la náutica para adquirir más experiencia como navegante, me reunía con personas con más trayectoria y de este modo disfrutar también un poco de su conocimiento. De esa manera fue que también surgió este sueño de hacer una navegación en solitario.

¿Pero tu familia provenía de la náutica o tenías conocimientos previos?

No, para nada. Mi familia vive en el interior de San Pablo, trabajaba en una hacienda, vivía una vida muy simple, montaba y corría carrera con caballos, no tenían ninguna relación con la náutica. Yo surfeaba en la playa, miraba los barquitos, pensaba que también quería estar allí. No conocía a nadie. También consideraba que la vela era solo para personas que tuvieran mucho dinero, ricas, con fortuna, pero después descubrí que es un deporte que es caro pero que también es posible para personas como nosotras si te enfocas para lograrlo.

La forma que encontré para acercarme a este deporte fue trabajar: fue la única opción que hallé para poder vivir y navegar al mismo tiempo, quizás también porque comencé tarde en este deporte, con 23 años. No iba a conseguir convertirme en una atleta ya con esta edad: entonces empecé a trabajar como marinera, como comandante de embarcaciones en Europa o con un contrato que logré con un barco de los Estados Unidos. Pero mi foco hoy está en hacer travesías.

Un verdadero cambio de profesión

Sí, yo creo que si uno se enfoca y trabaja en eso puede lograrlo. Yo me formé en administración, economía, finanzas, trabajaba con empresas, de hecho todo este background que tengo en el mundo corporativo me ayudó mucho a tener una percepción en los negocios, porque me mentalicé qué era lo que quería hacer en los próximos años, cuál es el camino, cómo lograrlo, porque –por ejemplo—la náutica en Europa es completamente diferente que en América latina, los barcos son más nuevos, existe una cultura náutica, no se precisa ser rico para tener un barco.

En cambio, aquí, en Brasil, es muy diferente y, por eso, yo vi todo esto como una oportunidad para comenzar a trabajar en esa área, empecé a hacer temporadas completas, algunas travesías, llevar barcos (como charter) y fui consiguiendo hacer varias veces el cruce del Atlántico, otra vez todo el Índico, siempre trabajando en esta modalidad.

 ¿Cómo podrías definir en qué consiste esta regata y por qué es tan importante para los navegantes?

Es una travesía muy tradicional, tiene más de cincuenta años, tuvo navegantes de mucho renombre en otros años. Incluso, tiene una historia muy rica y muy bella. Yo creo que se fue perdiendo un poco pero una de las cosas que más me gusta de la náutica son justamente las tradiciones, por eso ahora pienso que es muy importante conocer de qué trata esta regata y por qué es tan lindo correrla. Mi primera travesía fue desde Ciudad del Cabo en 2022 y me había quedado encantada con la ciudad, la gente, sus costumbres, sus vibras, pero del otro lado del Atlántico. El único problema era que es un poco frío para nosotros (los brasileros).

Yo tenía muchas ganas de hacer una navegación en solitario desde Ciudad del Cabo, porque es una ruta con vientos muy fuertes (más de cuarenta nudos constantes), por todo el año, entonces deseaba aprender a navegar en estos mares y en esas latitudes. Me gustan mucho las competencias (siempre hice carreras de caballos) y también esto facilita muchas cosas porque estas siendo monitoreada desde tierra. Yo sabía que si tenía una emergencia me iban a venir a ayudar. No era lo mismo hacerlo por mi cuenta.

¿Cómo preparaste el barco para esta travesía?

La idea de navegar en solitario siempre fue un sueño, quizás a diferencia de mis otros trabajos, este era un proyecto personal. Las personas me miraban como diciendo qué locura, porque hace poco tiempo que estás navegando y ya querés hacer un cruce completamente sola (risas). Sin embargo, busqué todos los elementos de seguridad para lograr hacer una travesía a conciencia, con tranquilidad, aunque no era fácil: me preparé durante casi un año. También me llevó ese tiempo alistar el barco como quería. En eso opté por hacer esta regata en un momento en el que ya tenía confianza en mí misma y sabía cuáles era los principales problemas con los que me podía encontrar

¿Qué características tiene este velero para una navegación en solitario?

Una de las cosas que me dio seguridad es que mi barco es muy simple, no necesita tantas cosas, no había mucho por romperse tampoco. Es una embarcación a vela, no tiene motor, no tengo que hacer grandes manutenciones, no tengo eléctrica o la que tengo es muy básica (solo piloto y AIS). Tiene menos dolores de cabeza quizás que otros barcos. Es un velero que fue proyectado en Ciudad del Cabo, tiene 44 años, es un barco clásico, que ya corrió regatas en dos oportunidades y las ganó también en su categoría.

Es un velero pequeño, que tiene una quilla muy larga (1.80 metros). Tengo velas Genoa, de proa, el mástil, todo clásico. El sistema es muy simple, es fácil de manejar, porque es un barco antiguo, por eso no tiene tampoco la tecnología que existe hoy. No es muy confortable, eso que soy pequeña, tiene solo siete metros de boca, es bastante estrecho. Creo que me ayudó que es un barco muy resistente, realmente hecho para travesías largas.

¿Cómo eran tus rutinas durante este mes de la regata?

Una de las principales cuestiones fue que pocas personas sabían de mi idea de hacer esta travesía. Hasta tres meses antes yo no había contado mucho que iba a hacerla, no quería dar grandes discursos si después me arrepentía y no iba. Yo pensé que iba a ponerme triste porque soy una persona muy sociable. Sin embargo, me encantó estar sola y fue mágico. De hecho, en la mayor parte de las navegaciones estoy siempre con hombres entonces podía estar en malla tranquila (risas). En el caso de la navegación en solitario si uno mismo no hace las cosas, pues nadie lo hará en tu lugar: entonces hay que estar conectado todo el tiempo. Yo sentía la embarcación como si fuera una extensión de mi cuerpo.

Todos los días dormía por la mañana (para tener más energía durante la noche) y partía el sueño en veinte minutos, me despertaba, y seguía así por una hora para ver si estaba todo bien. También comí muchas comidas deshidratadas o enlatadas (que no es tan bueno para la salud) y tuve momentos muy lindos. Incluso hubo otros que dudé de mi capacidad. Hasta poco antes de partir yo seguía pensando si debía ir, si me iba a animar, después de un año trabajando en el barco y… Lo que aprendí con todo esto es que uno debe liberar su propia mente, rodearnos de personas que creen en nosotros, que nos quieren bien. Por eso, al mismo tiempo que yo pensaba que no sabía si me iba a animar también recordaba todas las personas que me ayudaron en este proceso. Ya no era solo mi sueño también tenía que honrar a quienes colaboraron para hacer esto posible. Una de las sensaciones más hermosas fue llegar a Río de Janeiro, fue realmente un momento muy especial. 

¿Cuáles fueron las principales dificultades que afrontaste? ¿Es cierto que una vez se dio la largada de la regata se rompió tu piloto?

Sí, fue a poco de salir del puerto, salimos de Ciudad del Cabo con 40 nudos, para mi barco era un montón porque es un velero muy leve. Iba saltando. Sin embargo, como era viento a favor, lo hizo muy bien. Tuve que parar cerca y luego seguir la navegación. Tomé algunas decisiones tácticas que no sé si fueron muy buenas pero gané experiencia con eso.

Lo más dramático fue que una semana antes de llegar, cerca de Cabo Frío, vino un viento del norte, que me expulsaba de Río. El viento era totalmente en contra y no me dejaba llegar a la ciudad. Las olas alcanzaban los tres o cuatro metros. Fueron cuatro días en total, después cuando pude ver la meteorología estaba en el medio de un ciclón. El problema es que si yo ponía proa a Río era probable que se quebrara el mástil o cualquier otra cosa. Por eso, reduje las velas, intenté ir a favor del viento, pensé que iba a terminar en Uruguay o Río Grande do Sul (en el sur de Brasil) (risas). Fueron los cuatro días más difíciles, no tenía cómo cargar baterías por la falta de sol, mucha lluvia: mi pelo, mi ropa, los colchones, todo mojado. ¡El sol es realmente necesario! 

¿Y qué pasó?

El primer día estaba asustada, el segundo intenté relajar un poco, el cuarto ya estaba haciendo videos: había hecho todo lo que podía hacer en esa situación. Bajé las velas, cambié la ruta, chequeé todo. Después solo me quedaba esperar, no había nada más que pudiera hacer hasta que pasara todo. Es una parte muy dura pero también tiene su costado bonito: oír el viento fuerte, ver las olas tan grandes, la fuerza de la naturaleza, son pocas las personas que viven esto. Hay que aceptar cuál es el límite. Las aves son muy maravillosas: yo las veía pasar volando como si fuera todo normal.

Después de esa tormenta tan fuerte, el mar parecía una laguna y yo comencé a derivar hacia las plataformas de petróleo marinas. Hablé con un muchacho en una de ellas para ver cuál era la previsión del clima (no se podía consultar meteorología afuera salvo que te autorizaran desde la comisión de regata) y en una de las plataformas me dijeron que iba a empezar a soplar unos 15 nudos. Eran las seis de la mañana y yo no encontraba ese viento y no podía poner proa a Río, pese a que estaba muy cerca, hasta que finalmente el viento llegó a las 11 de la mañana: esa fue la mejor navegada de mi vida. Pero faltando solo 300 metros del punto de llegada, el viento se murió y me quedé boyando. Ahí pensé que iba a desistir, no daba más, y entró un viento muy fuerte que viene de la sierra, de Petrópolis (sobre la cadena de montañas, en las afueras de Río de Janeiro) y forma unas nubes muy fuertes –con rayos y truenos–, cambié las velas y me empujaron dentro de la Bahía de Guanabara como diciendo ‘entra, hija, ya no te queremos más aquí’ (risas).

Según tu opinión, ¿cuál es la experiencia que debería tener un navegante para una travesía de estas características? ¿O qué te sorprendió de toda la experiencia?

Hay cosas, por ejemplo, que no había pensando o me había preguntado, porque no se trata de una ruta comercial. En un momento de la travesía un barco tomó contacto conmigo, me quería acercar pescado, me hablaban por radio, yo me asusté mucho porque era una mujer sola, en medio del océano, y tomé dimensión que ellos eran hombres y hacía muchas semanas que estaban embarcados en altamar.

Por otro lado, el barco en sí mismo fue la mejor opción, estuvo perfecto, no sufrió averías. Lo compré por el precio de una bicicleta y era más fácil que alquilar otro. Yo creo que cada barco tiene su personalidad, su intención, desde la primera vez que entré este se me instaló en la mente y en el corazón. Es un barco muy simple, muy fácil de navegar, todo es muy rústico, pero al mismo tiempo está preparado para las regatas, porque era algo que les gustaba mucho a sus antiguos dueños y por eso era tan importante en el tema de la seguridad. Quizás normalmente son las cosas más caras de conseguir y éste ya las tenía a bordo: la balsa, el radar, las velas, todo.

¿Cuáles son tus proyectos para este año que inicia y después de una experiencia tan importante como esta regata?

—Este año tengo que trabajar, ahora vuelvo a Ciudad del Cabo para traer un barco hasta Brasil. Después, en el verano del hemisferio Norte, volveré a Mallorca donde hay buenas oportunidades de empleo en España. Por otro lado, la idea es dejar el barco aquí en Ubatuba, para que forme parte de una escuela de vela comunitaria, que propulse el deporte en los niños y las niñas, en la gente joven de esta región. Es lo que quisiera ahora. Además, me gustaría mucho divulgar lo importante que es esta regata y que en 2028 seamos muchos más navegantes en la travesía.

Imagens y vídeos:

Cape2Rio 2025 – Theodora (vídeos) @kondo.photos

Desde «Navegantes Oceánicos» nuestra admiración hacia Theodora Prado por su hazaña y nuestro agradecimento por su colaboración en esta apasionante entrevista.

Mucha suerte en el futuro, buenos vientos y buena mar.