La capitana y armadora de Chile presentó el sábado pasado un documental que narra la aventura de la Travesía Norte 2025 a bordo de su barco. Desde la Cofradía Náutica del Pacífico, en Algarrobo, describe su propia historia que la llevó a obtener algunas de las medallas más importantes de su país en un proyecto que busca acercar a las mujeres a la navegación a vela.

Durante seis meses se prepararon sin prisa pero sin pausa: una docena de mujeres, la mayor parte casi sin experiencia previa en circuitos de este tipo, se atrevió a correr la regata de la Travesía Norte 2025, una de las más importantes en los torneos anuales que se disputan en Chile, al borde del Pacífico, con vientos de 30 nudos y la Cordillera de los Andes como marco de fondo. “Una regata que es muy difícil física y mentalmente”, explican ahora después de la osadía y de los resultados: salieron entre los primeros puestos.

El principal impulso de toda la experiencia lo dio Daisy Denham, una capitana y armadora de Chile, que comenzó a navegar a vela desde los cuatro o cinco años, cuando era muy niña: “Yo estaría todo el tiempo en el mar, en la tierra realmente me aburro”, dice, ahora, en la Cofradía Náutica del Pacífico, en Algarrobo –a unos cien kilómetros de Santiago, la capital de Chile, en la región de Valparaíso– donde se reúnen todos los fines de semana con “las chicas”.

El resultado de algunas de sus aventuras se presentó este sábado pasado con un documental, Mujeres del Mar: Travesía Norte 2025, que describe una de las competencias más importantes del circuito nacional y también un homenaje al capitán Alejandro Denham, su padre, que fue fundamental en ese camino. “Somos la primera generación de mujeres que estamos rompiendo el esquema, al menos acá en Chile, en la navegación oceánica femenina, por eso es difícil: vamos a tener que recibir las balas pero para las mujeres que vengan después será todo mejor”, reflexiona.

Mujeres del Mar de Chile, haciendo banda

 Daisy, ¿cómo fueron tus comienzos en la navegación?

Yo comencé a navegar con mi papá, Alejandro. Él comenzó a navegar tarde, cerca de los cuarenta años, desde cero. Le gustó mucho la navegación y por eso a mi hermano y a mí nos metieron desde muy pequeños: a los cuatro o cinco años ya estábamos en un optimist flotando, en el agua. Siempre lo tomamos como un juego. En la bahía a la que íbamos cuando éramos chicos no se hacían muchas regatas, no era tan competitivo como Viña del Mar o Algarrobo, que tienen escuelas y regatas. Para nosotros, en cambio, siempre estuvo asociado a la diversión. Después del optimist pasé al Láser, ILCA, después terminé en un “Vagabundo”.

¿Cómo es el “Vagabundo”?

Es un velero pequeño, cerrado, que tiene mayor y génova. Es como un oceánico pero en versión diminuta, todo cerrado, no entra el agua y no te mojas. Es un velero muy seguro. Mi papá me lo compró para mí y a mi hermano uno muy extremo: ¡ahí empiezan las diferencias de género pienso yo!

Regata Mujeres del Mar de Chile
A toda vrla

¿Cómo comenzaste a competir en las regatas?

Después de eso mi papá comenzó a competir en regatas oceánicas y se compró un velero grande. Siempre, además, nos hizo navegar en familia. El primero fue un velero de 32 pies con el que fuimos a Chiloé, con un amigo y sus dos hijos (un hombre y una mujer), él con sus dos hijos (mi hermano y yo), con la misma edad de nosotros: siempre fuimos una tripulación muy familiar. Fue ahí que comenzamos a aprender cómo eran las regatas, cuáles eran los reglamentos, cómo eran las partidas, quién tenía la preferencia y comenzamos a mejorar poco a poco. Pero a mi papá no le gustaba perder: el primer velero que se compró era clásico, confortable pero muy lento. Entonces vendió ese y se compró otro que era más rápido, un Hanse, y luego ya terminó en un X50 que era un Lamborghini que navegaba solo.

¿Siempre lo acompañaban entonces en esas regatas?

Sí, siempre lo acompañábamos. Pero me pasaba que yo no podía tomar el timón. Mi hermano sí. Yo, en cambio, podía hacer cualquier posición, la que quisiera, pero no el timón. Entonces mientras tanto yo iba mirando a mi hermano, viendo cómo lo hacía, yo muy prendida y activa, siempre corriendo, haciendo fuerza, aprendiendo todas las posiciones del velero completo. Me dio mi primera escuela saber qué sentía en cada una de las posiciones. Después me “malcasé” y me “bienseparé”, por si acaso, en ese tiempo dejé de navegar y tuve como un receso de seis o siete años.

En ceñida

¿Qué pasó después de eso? ¿Cuándo decidiste volver?

Le diagnosticaron un cáncer de estómago a mi papá, bastante fuerte y grave, por lo que dejó de navegar. Entonces yo volví, quería retomar mi vida, me había separado, como ‘oye, yo puedo hacer lo que quiera’. Pensaba: ya tuve hijos, sobreviví a la maternidad, lo que me ponga como objetivo lo voy a lograr. Estaba el velero X50, que actualmente usa mi hermano más chico, que navega y regatea en ese. Después estaba este otro velero, el Hanse, en tierra por ocho años. Le pregunté a mi papá por ese velero ahí, cuál era la posibilidad de que lo navegara, que lo pudiera usar y si finalmente me dejaba ir con puras amigas para correr en las regatas. Sí, me decía a todo que sí.

Pero me imagino que tuviste que acondicionarlo después de tantos años de estar en tierra…

Sí, claro, contraté un marinero que me ayudó a ponerlo a punto, porque yo sé navegar pero no el funcionamiento de un velero, la sentina, el motor, la eléctrica, la mecánica. Si me pasas velas yo navego hasta el fin del mundo pero si vamos a otro lado no me siento tan especialista. Entonces metimos el bote al agua, los instrumentos, tuvimos que comprar todo de cero, porque no tenía nada. No funcionaba el agua caliente tampoco. Pero de a poco lo fui armando hasta que quedó listo hace tres años. Un día le dije a un par de amigas: ¿Quién quiere venir a navegar?

Mujeres del Mar de Chile, en cubierta

 ¿Qué pasó después? ¿Algunas de estas mujeres tenían experiencia previa?

Desde ese día empezaron a pasar muchas chicas: yo creo que hasta ahora habrán sido unas treinta mujeres que formaron parte de la tripulación aunque actualmente somos doce, activas, en el velero. Pero esas otras chicas que pasaron: una se mareaba, a la otra le encantaba pero le daba pánico el mar, la otra se subió una vez y después dijo que en realidad era de montaña, también una que se subió con mucho esfuerzo, tomaban pastillas antimareo, usaba salvavidas, se sentía mal pero le encantaba estar a bordo. Todas fueron probando. Pero hay algunas que se subieron y no se bajaron más porque les encantó. Nos pusimos entonces a entrenar, cada una a probar su posición, a aprender de donde venía el viento porque algunas arrancaron de cero. Yo me subía al velero y me sentía muy segura, muy confiada, pero a algunas les costó mucho entender el por qué uno cazaba la vela por tal motivo, el por qué el carro de la mayor estaba arriba o abajo, ciertas cosas que por un saber innato, de haberlo hecho de toda la vida, quizás lo hacía sin pensar… Sin entender mucho pero con ganas.

¿Cuáles fueron las primeras regatas que corrieron?

Después de un año de entrenamiento les propuse inscribirnos en una regata. Pero les dije: nos anotamos, crucemos los dedos, porque no vamos a ir a ganar. Íbamos a competir con tripulaciones que llevan años, con señores capitanes que navegan perfecto. Pero empezamos a regatear y nos empezó a ir bien. Ahí fue que yo dije: ¿Por qué nos está yendo bien? Entonces empecé a pensar en pequeñas conclusiones, por comentarios con algunos hombres como el coach que nos enseñaba y entrenaba: en nuestro velero siempre hay un buen trato, nunca nos gritamos, no nos faltamos el respeto, nos cuidamos y nos apoyamos. Lo segundo quizás es la forma en la que me dirijo a la tripulación, por ejemplo, cuando vamos a virar que les digo: “Niñas, vamos a virar en 3, 2, 1, virando…” (usa un tono muy suave). Me acuerdo con mi hermano o con mi papá, gritando: “¡¡¡¡¡Vamos a virar, ahoraaaaa!!!!! ¿por qué no viraaaaannnn?” La instrucción era la misma pero el resultado era diferente. Porque cuando estás en presión, te gritan, te equivocás, en cambio con paz y armonía, todo se da distinto… Lo segundo, que me dijo un capitán cuando se subió una vez, fue la organización: porque las mujeres somos multifuncionales, mientras estaban pensando en la escota, el cabo, la vela, había una coreografía muy buena y rica que se da entre ustedes, que son metódicas y no necesitan ni hablarla.

Amar es cuidar el Mar

¿Cómo son los vientos, las corrientes, las mareas en esta región?

¿de qué manera se comportan?

Qué buena pregunta, sí, porque cuando nos consultan desde otro lado y le dices que vienes de Chile te comentan: “Ah, bueno, pero entonces tú sabes navegar”. Aquí, nuestro mar, es tremendo. En primer término porque tenemos la corriente de Humboldt que siempre está. Lo segundo es que tenemos mucho viento, normalmente de 35, 40 o 43 nudos, y también un súper oleaje. De repente tú miras y dices: “Estoy en la tormenta perfecta”. Por eso cuando uno hace esas travesías largas vas con rizos y, de repente, ni vas con velas… un poquito a motor para que te lleve la ola y la corriente. También el fondo es muy rocoso y están los bajos con los que hay que estar súper atento.

Pensé que por la Cordillera era profundo…

La primera parte es profunda pero después cerca de la costa hay muchas islas y están esos bajos, que van saliendo, entonces tenemos que estar atentos a la roca no sé cuánto, a la roca esto… Si vas 40 millas hacia afuera no vas a encontrar nada más obviamente. Además hay mucho oleaje, la ola aquí es fuere, por eso no es normal andar en una taza de leche. El día que veas que no hay ninguna ola es porque hay algo raro. Yo he navegado en el Mediterráneo, en familia y en un catamarán, mientras pensaba esto es una burla, cuál es la navegación que vamos a hacer aquí (risas) porque es muy suave. Aquí salimos con frío, ¡frío, frío!, viento, olas, mucho frío. Cuando he navegado en otros lugares y voy con una polera digo qué raro esto de navegar sin ropa (risas) porque aquí solo se ven tus ojos. Solo los ojos y nada más. Es difícil pero también es un buen lugar para aprender. Tienes un entrenamiento heavy entonces llegas a otro lado y te parece todo fácil.

Dotación completa

En un ambiente tan machista me imagino que empezaron a verlas de otra manera…

Sí, a veces nos decían: “Qué lindo ver a las mujeres como navegan” pero era como si nosotros dijéramos: “Qué lindo ver a los hombres como navegan”. No es lindo o feo, o se navega bien o mal. Entonces, de cierta manera, con una mujer capitana, que entrara en una reunión con todos capitanes hombres, experimentados, siempre me miraban como diciendo qué vas a hacer tú. Pero yo siempre fui bajo perfil y entones les decía a las chicas: “Vamos a demostrar nuestra participación con resultados”. Solo los resultados van a hablar por nosotros, sin gritar, sin hablar, sin aparentar, por eso quería que naveguemos bien, entrenemos bien, para que nos vaya bien. De repente comenzamos a aparecer en los primeros lugares. En una regata yo navegué con mi papá, él en su velero y yo en este, él salió primero y yo segunda, hay una foto muy linda donde está con los ojos llorosos como diciendo: “Daisy, lo lograste”. De a poco empezamos a subir de nivel y mejorar la técnica hasta que nos invitaron a la Regata del Norte.

La Regata del Norte entiendo que es uno de los eventos más importantes de la vela en el país.

Sí, en Chile hay dos regatas grandes que se hacen en enero: una en Chiloé, en el sur, durante una semana; otra semana en el norte, en La Serena. Son los campeonatos nacionales. Entonces nosotras trasladamos el velero para allá, fue nuestra primera travesía larga, de 43 horas en regata, durísimo, pero muy buena experiencia, porque salimos en primer lugar, en tercero, en cuarto lugar, compitiendo con botes grandes, que llevan su historia. Finalmente, cuando terminó el campeonato, salimos en tercer lugar. No lo podíamos creer, me llamaron hasta de la CNN (risas). De los 60 barcos que participaron solo dos contaban con tripulación femenina. Los demás eran solamente hombres. Lo más importante fue que dimos a conocer un deporte como la vela, porque el mar no sabe de género, no sabe si arriba de un bote va un hombre o una mujer.

Mujeres del Mar de Chile navegando

¿Qué pasó con el velero entonces?

Siempre nos pasaba algo súper loco: cuando navegábamos parecía que estaba mi papá: había fallecido cinco meses antes de esta regata. Una vez, por ejemplo, nos quedamos sin viento entonces empezamos a llamarlo, hacíamos ese juego, a los 10 minutos se largaba y se hinchaba la vela. Era una coincidencia pero nos pasaba siempre. Yo navegaba y lo sentía, claro, pero soy su hija, es muy subjetivo, pero también le pasaba esto a las demás mujeres, que no se sentían solas, que había algo acá, una presencia que nos acompañaba. El sábado terminó la regata y el domingo trasladó el velero un marinero que me pidió trabajo siempre. Pero como te digo, este velero era de mi papá, estaban sus cosas, su corbata, sus premios, yo lo tomé prestado pero era su barco.

En el traslado de vuelta empezó a hacer agua, estaba a 60 millas de la costa, el capitán comenzó a hacer las llamadas de auxilio y pudieron contactarse tres horas después con la Armada, obviamente con el motor a full para traer el velero hasta la costa. El velero se empezó a hundir a las cinco de la mañana, a las ocho de la mañana ya estaba con el agua hasta la mitad y solo la popa quedaba afuera, los tres tripulantes esperando ahí arriba que los rescataran. Llegaron los marinos, subieron a las personas, se fueron y el bote se fue a pique de una. Me llamaron entonces para decirme lo que había pasado, que las personas estaban bien (que era lo más importante) pero que el velero se había ido a pique a 1000 metros y que era imposible rescatarlo. Fue, oh, como decir: ‘Mi papá se quería ir al fondo de mar’. Era, como ya ves, te enseñé a navegar, te di el empujón, ahora tú de aquí para adelante porque yo ya no voy a estar.

¿Pudiste seguir navegando después de este naufragio tan impresionante?

Sí, quedé muy afectada. Pero me llamaron cuatro o cinco amigos de mi papá para decirme ‘tú sabés que este fue tu papá’, ‘siempre le gustaba hacerlo todo en grande’, ‘siempre quería llamar la atención’. Otros me insistieron que no navegara más. Pero me dio la fuerza para pensar ¿cómo lo vas a hacer tú entonces? Tengo más ganas de navegar, de comprarme un velero, más ganas de subir a más chicas, con una flota de Mujeres del Mar. Me encantaría que el día de mañana seamos 60 veleros con hombres y 60 veleros con mujeres.

El año pasado, por ejemplo, navegamos en un velero que me prestó un capitán, un Swan de 39 pies, lo sacamos para entrenar… Cuando pasó aquello me dijo: ‘Oye, Daisy, tú no puedes dejar de navegar, te presto mi barco’. Eso es imposible, nadie presta un velero, nadie lo puede creer, este año salimos cuartas en el Campeonato Nacional, tuvimos súper buen rendimiento dado que no estábamos en un velero que era el nuestro… Ahora estamos viendo qué velero comprar pero las Mujeres del Mar se activó, tenemos mucha gente que nos está viendo y sobre todo niñas, hijas de capitanes, que se acercan y me dicen: “Daisy, para mi hija tú eres lo más”.

Para finalizar Daisy, ¿cuáles son los próximos planes?

Este sábado pasado estrenamos nuestro documental “Mujeres del Mar: Travesía Norte 2025” que trata sobre todo lo que fue la Travesía del Norte y que termina con el hundimiento del velero. El punto es como que las Mujeres del Mar vamos por todo, no vamos a parar, queremos ser un referente para la navegación femenina. En mi cabeza tengo altos proyectos bien locos: lo primero que queremos es ir a la isla Juan Fernández, que es una travesía de 53 horas, muy linda. También queremos hacer un viaje de norte a sur de Chile.

En cinco años más queremos navegar hasta Tahití que es nuestro objetivo final. Me siento afortunada de haberme atrevido porque ha sido difícil desde mi propia familia hasta toparme con los demás capitanes: he aprendido a ganarme el respeto en el ambiente de la navegación. Lo mejor también ha sido mi tripulación que me tiene confianza porque no hay responsabilidad más grande que esa.

Enlaces:

En IG: https://www.instagram.com/mujeresdelmarchile/

Desde «Navegantes Oceánicos» agradecemos a Daisy Denham por su colaboración en esta interesante entrevista y deseamos mucha suerte al apasionante proyecto «Mujeres del Mar de Chile»

Buenos vientos y buena mar. Os seguiremos !

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