Esther Tejedor y Aurelio Muñoz están realizando una vuelta al mundo a vela por etapas, a bordo de su velero “Tuvalu”, en un apasionante proyecto denominado “Vuelta al Mundo Almirante Cervera”. Se encuentran actualmente en Bundaberg (Australia). 

En la Parte I de esta entrevista nos contaron con detalle sus comienzos en la navegación, las claves de la preparación a fondo de su velero para la navegación oceánica, y como surge este proyecto de vuelta al mundo.

En esta Parte II de la entrevista, Esther y Aurelio nos comparten como han planeado la vuelta al mundo, sus experiencias de navegación y vida a bordo hasta ahora, así como los retos que tienen por la proa. 

Entrevista a Esther y Aurelio (Parte II)

Esther y Aurelio, ¿Cómo habéis planeado la ruta y cuáles son las etapas principales de la circunnavegación?​

El planteamiento de nuestra ruta está estructurado, como no puede ser de otro modo, en grandes etapas secuenciales. Al estar aún en edad laboral, yo debo atender mis compromisos docentes, y mi mujer que es abogada debe tambien dejar todos sus temas cerrados, por lo que, nuestros calendarios profesionales condicionan por completo los períodos de navegación, lo que nos obliga a fragmentar la circunnavegación y adaptar los saltos oceánicos a nuestras vacaciones y licencias.

La primera etapa la completamos en agosto aprovechando el descanso estival, haciendo la travesía desde Cádiz hasta Canarias con una escala técnica y de descanso en Funchal (Madeira). A partir de ahí, el mapa mundial se divide en los siguientes grandes bloques estratégicos:

1. El Cruce del Atlántico: Canarias – Caribe – Colombia

– Estrategia y Fechas (Noviembre – Diciembre): Dejamos el barco en Canarias a la espera de que finalice la temporada oficial de huracanes en el Atlántico, que abarca del 1 de junio al 30 de noviembre. La travesía atlántica la iniciamos a finales de noviembre o principios de diciembre. En estas fechas no solo nos garantizamos estar fuera del riesgo de ciclones tropicales, sino que presenciamos el asentamiento definitivo de los vientos alisios del noreste.

La estrategia de navegación consiste en descender en latitud desde Canarias hacia el sur (buscando la franja entre los 15° N y 18° N, cerca de Cabo Verde) para enganchar la «autopista de los alisios» y cruzar el océano impulsados por vientos portantes de popa/aleta hasta tocar tierra en las Antillas Menores. Como hemos apuntado anteriormente, por circunstancias nosotros no bajamos tanto en nuestra travesía, por el contrario, optamos por la ruta norte.

– Refugio y Almacenamiento (Mayo – Verano): Tras recorrer el arco antillano durante el invierno y la primavera, a partir de mayo debemos buscar un refugio seguro ante el inicio de la nueva temporada de huracanes. La estrategia consiste en descender hacia el sur del Caribe, concretamente a las antiguas Antillas Holandesas (islas ABC: Aruba, Bonaire y Curazao). Al estar situadas por debajo de la latitud 12° N, se encuentran fuera del cinturón habitual de huracanes. Desde allí navegaremos hasta Colombia (Cartagena de Indias o Santa Marta) para dejar el barco resguardado en marina o varadero mientras regresamos temporalmente a nuestras obligaciones laborales. Nosotros dejamos nuestro Tuvalu en Santa Marta en su magnífica marina Internacional.

El Cruce del Pacífico: El «Gran Salto»

– Estrategia y Fechas (Febrero – Mayo): Una vez finalizada la época de huracanes en el Caribe, retomamos la navegación cruzando el Canal de Panamá. El salto del Pacífico exige sincronizar la salida entre marzo y abril.

– La Ruta: Tras cruzar el archipiélago de las Galápagos, abordamos la travesía más larga del proyecto hasta las Islas Marquesas en la Polinesia Francesa (conocida como el Puddle Jump o El Gran Salto, de casi 3.000 millas náuticas en línea recta).

– Táctica: Se navega buscando la franja de los alisios del sureste en el hemisferio sur. Hacer el cruce entre marzo y abril nos permite llegar a Polinesia justo cuando termina la época de ciclones del Pacífico Sur (que va de noviembre a abril) y disfrutar de la mejor ventana meteorológica antes de continuar el avance hacia Australia.

 3. La Encrucijada en Australia: Las dos opciones de regreso

Al llegar a Australia nos encontramos en un punto crítico donde la situación geopolítica en Oriente Medio determinará cuál de las dos rutas elegiremos para completar la vuelta al mundo.

Opción A (La elegida si la seguridad geopolítica lo permite): Vía Canal de Suez y Mediterráneo

Es nuestra opción preferida, ya que tenemos un enorme interés personal en navegar el Mediterráneo, un mar que paradójicamente aún no conocemos a vela.

– Estrategia en el Océano Índico (Abril – Julio): Cruzaremos el Índico saliendo de Australia/Indonesia entre abril y mayo, justo al terminar la temporada de ciclones del Índico Sur. La táctica consiste en aprovechar el monzón del suroeste o los alisios del sureste para cruzar hacia el norte del océano hasta alcanzar la entrada del Golfo de Adén y el estrecho de Bab-el-Mandeb.

– Paso del Mar Rojo: Debe realizarse a principios de verano, negociando con paciencia los vientos del norte habituales en la parte alta del Mar Rojo antes de embocar el Canal de Suez.

– Estrategia en el Mediterráneo (Junio – Septiembre): Entrar al Mediterráneo en pleno verano permite disfrutar de escalas continentales e insulares clave. La ruta planificada incluye paradas en Turquía, Grecia y Croacia. La táctica aquí consiste en navegar de este a oeste aprovechando las calmas o brisas térmicas estivales, con especial atención a las rachas del Meltemi en el mar Egeo (viento fuerte del norte que sopla en julio y agosto) buscando resguardo en los archipiélagos antes de poner rumbo definitivo a España.

Opción B (Ruta alternativa): Vía Ciudad del Cabo y el Atlántico Sur

Si el bloqueo o la inestabilidad en los estrechos de Bab-el-Mandeb y el Canal de Suez impiden el paso seguro, activaremos la segunda opción bordeando el continente africano.

– Estrategia y Fechas: Saldríamos de Australia o Indonesia cruzando el Índico Sur en dirección a Sudáfrica para doblar el Cabo de Buena Esperanza durante el verano austral (diciembre a febrero). Esto es vital para evitar los severos temporales de latitudes altas del Océano Austral durante el invierno del hemisferio sur.

– El Regreso por el Atlántico: Una vez en el Atlántico Sur, la ruta sube impulsada por los alisios del sureste haciendo escala en la isla de Santa Elena, tocando la costa oriental de Brasil y remontando hacia el Caribe. Desde allí, el regreso a España se realizaría entre mayo y julio aplicando la táctica del Atlántico Norte: subir hacia Bermudas/Azores para enganchar los vientos del oeste (westerlies) que nos empujarán de vuelta a la Península Ibérica.

Esperamos sinceramente que la situación internacional permita ejecutar la Opción A y cerrar el ciclo entrando a casa por las aguas del Mediterráneo.

Es decir, la estrategia de una vuelta al mundo, es estar en el momento adecuado en el lugar adecuado, así se puede afrontar las navegaciones oceánicas con la mayor seguridad posible, minimizando (que no anulando) el riesgo de mal tiempo.

En lo que ha transcurrido hasta ahora de la vuelta al mundo,

¿Cuál ha sido el momento más especial en la mar? ¿Y el más duro? ¿algún lugar favorito?

En esta respuesta coincidimos al cien por cien los dos. Cuando navegas en pareja durante miles de millas, las vivencias más intensas se graban a fuego en la memoria de ambos.

Los momentos más duros: Cuando el océano pone a prueba el cuerpo y la mente

Los días más duros son, sin duda, aquellos en los que la navegación con tiempo duro parece eternizarse. Esas jornadas en las que las condiciones del mar te arrebatan por completo cualquier posibilidad de tener una vida a bordo cómoda.

Muchos piensan que el Océano Pacífico le debe el nombre a una placidez constante, pero en la gran travesía desde Panamá hacia Galápagos y de ahí hacia las Islas Marquesas y continuidad hasta Australia, la realidad suele ser muy distinta. En este enorme tramo se cruzan complejas corrientes marinas (como la corriente de Humboldt) y sistemas de vientos cambiantes con áreas de convergencia intertropical cargadas de chubascos repentinos. El mar de fondo o mar de leva generado por borrascas lejanas del hemisferio sur produce olas encrespadas que irrumpen con fuerza.

En esas condiciones, el barco sufre un movimiento continuo y violento. Las olas saltan sobre la cubierta y barren el barco de proa a popa, obligándote a vivir encerrado. La humedad lo penetra absolutamente todo: las literas, la ropa, la cocina… Estás constantemente empapado, salado, intentando mantener el equilibrio para no golpearte con cada bandazo, con el cansancio físico acumulándose hora tras hora.

A esto se le suma el recuerdo imborrable del Atlántico, donde vivimos el día más temible de la travesía: una orzada en medio de un temporal que nos puso al límite y en el que casi volcamos. Son momentos de adrenalina pura y miedo real, donde comprendes la verdadera fuerza de la naturaleza. “Si no sabes rezar, navega los océanos y rezaras sin que nadie te haya enseñado”

¿Por qué es tan dura la navegación oceánica?

La gente suele preguntarme por qué la navegación de altura es tan dura si tanto nos gusta el mar. La respuesta está en la continuidad del esfuerzo. En tierra, tras una jornada agotadora, te duermes y desconectas. En la mar oceánica no hay pausa:

– Guardias y descanso fragmentado: No duermes más de dos o tres horas seguidas durante semanas en el mejor de los casos.

– Tensión psicológica constante: La mente nunca descansa del todo; el oído está permanentemente atento al sonido de una vela que flamea, un crujido del aparejo o un cambio en la fuerza del viento.

– Aislamiento e incomodidad física: El simple hecho de preparar un café, ducharte o vestirte requiere una concentración y un esfuerzo físico descomunales en un piso que se mueve sin cesar.

Afortunadamente, la mente humana posee un maravilloso mecanismo de autoprotección: con el paso del tiempo tiende a atenuar el sufrimiento y a borrar el dolor o la fatiga, seleccionando y dejando en la superficie solo los recuerdos más hermosos. Si no fuera por esa capacidad de olvidar lo duro, ningún marino volvería a hacerse a la mar.

Los momentos más especiales: La majestuosidad de la naturaleza y el silencio plateado

Momentos mágicos hemos vivido muchísimos, pero hay dos estampas que a los dos nos siguen sobrecogiendo el corazón:

– El encuentro con las ballenas: La emoción que sentimos cuando una gran ballena emerge a pocos metros del barco es indescriptible. Escuchar su resoplido rompiendo la calma del océano y ver su lomo gigante cortar el agua en total libertad nos produce una devoción sagrada. Es un recordatorio humilde de que los verdaderos dueños del océano son ellos y nosotros solo somos meros invitados.

– El resurgir tras la encalmada: Tras días de angustiosa calma chicha o de pelear contra un mar agitado, el momento en que la mar finalmente se apacigua y comienza a entablarse un viento suave de través es pura poesía. Ver cómo, con tan solo 10 nudos de brisa, el barco cobra vida, se apoya en el agua y empieza a deslizarse suave y silenciosamente sobre los 6 nudos de velocidad es una sensación de libertad absoluta.

Recuerdo perfectamente una noche navegando en esas condiciones ideales. El cielo estaba completamente despejado y una luna llena espléndida se reflejaba sobre el agua, convirtiendo el océano en un inmenso manto plateado.

En medio de ese silencio solo roto por la estela del barco, miré a mi mujer y le dije:

«Mira esto… Por días como hoy es por los que ha merecido la pena tanto sufrimiento».

Nuestro lugar favorito: Las Islas Galápagos

En este punto no tenemos la menor duda. Para los dos, el lugar que ha marcado un antes y un después insuperable en lo que llevamos de circunnavegación son las Islas Galápagos. Navegar este archipiélago a vela y recorrerlo en sus excursiones es adentrarse en un mundo aparte donde el tiempo parece haberse detenido.

Tuvimos la fortuna de explorar a fondo las cuatro islas habitadas que se pueden visitar, cada una con una personalidad y una riqueza biológica deslumbrantes:

  • San Cristóbal: La puerta de entrada marítima. Su capital, Puerto Baquerizo Moreno, te recibe con una estampa única en el mundo: los leones marinos son los verdaderos dueños de la ciudad, descansando en las playas urbanas, los bancos del paseo e incluso sobre las plataformas de los barcos. Desde allí hicimos la inolvidable excursión al León Dormido (Kicker Rock), un obelisco de roca gigante en medio del mar donde pudimos hacer esnórquel rodeados de tiburones de Galápagos, rayas águila, tortugas marinas y piqueros de patas azules nidificando en los acantilados.
  • Santa Cruz: El corazón palpitante del archipiélago y centro logístico en Puerto Ayora. Visitar la Estación Científica Charles Darwin fue una lección viva de evolución. Pero lo más mágico fue subir a la «parte alta» de la isla: caminar entre la frondosa vegetación volcánica mientras te cruzas a escasos metros con las míticas tortugas gigantes de Galápagos en estado totalmente salvaje. Además, parajes como Las Grietas, un cañón de agua cristalina entre paredes de lava, ofrecen un baño inolvidable.
  • Isabela: La isla más grande del archipiélago, con su imponente silueta en forma de caballito de mar dominada por volcanes activos como el Sierra Negra. Isabela es la naturaleza en estado puro. En santuarios como Los Túneles o La Concha de Perla, los pingüinos de Galápagos (los únicos del hemisferio norte), iguanas marinas nadando para alimentarse de algas y tintoreras (tiburones de aleta blanca) descansando en las grietas volcánicas subacuáticas.
  • Floreana: Una isla impregnada de misticismo e historia marinera. Allí visitamos la famosa Post Office Bay (Bahía del Correo), donde desde el siglo XVIII los balleneros británicos y americanos dejaban cartas en un barril de madera para que otros barcos que regresaran a casa las llevaran a sus destinos sin necesidad de sellos. Floreana es paz absoluta, coronada con un esnórquel sublime.

Nos fuimos de allí profundamente enamorados. Galápagos hace honor absoluto a su apodo histórico de «Islas Encantadas»: su fauna carece de miedo al ser humano, permitiéndote convivir con la naturaleza más virgen que queda sobre la faz de la Tierra.

¿Realizáis alguna colaboración científica o medioambiental durante la vuelta al mundo?

¿en qué consiste?

Sí. Para nosotros, este viaje no es solo una aventura náutica ni una travesía deportiva; es una auténtica expedición científica en movimiento.

Yo soy el Investigador Principal (IP) o director del Grupo de Investigación TEP-136 del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación (PAIDI). Nuestro grupo se dedica al estudio, desarrollo e innovación en el ámbito de la ingeniería y la tecnología aplicada a la arquitectura naval e ingeniería de producción y tecnología de materiales.

Cuando no estoy en las aulas de la Universidad de Cádiz impartiendo docencia de forma presencial, me encuentro en periodo de licencia de investigación. Esto me permite compaginar al cien por cien mis labores docentes e investigadoras en remoto con mi gran pasión por el mar, convirtiendo nuestro velero en un observatorio flotante.

A lo largo de la circunnavegación hemos participado y participamos en tres proyectos de investigación clave:

1) Proyecto SEALAB (Finalizado en 2024)

Durante nuestra travesía atlántica convertimos el barco en un verdadero laboratorio oceanográfico para colaborar con el proyecto SEALAB.

Esta iniciativa internacional está centrada en el monitoreo de la calidad y salud de las aguas oceánicas en rutas poco transitadas por buques científicos tradicionales. Nuestra labor a bordo era diaria y sumamente disciplinada: dos veces al día tomábamos muestras de agua del océano, realizábamos análisis físico-químicos a bordo y transmitíamos telemáticamente los datos obtenidos a las oficinas centrales del proyecto. Aunque nuestra colaboración directa en SEALAB concluyó con éxito en 2024, los datos aportados desde la franja ecuatorial del Atlántico ya forman parte de sus bases de datos climáticas.

2) Proyecto SEABED 2030 (Nippon Foundation – GEBCO)

Actualmente nos encontramos inmersos de lleno en el proyecto internacional SEABED 2030, un esfuerzo global coordinado por la Fundación Nippon de Japón y GEBCO (General Bathymetric Chart of the Oceans, bajo el amparo de la UNESCO y la Organización Hidrográfica Internacional).

– ¿En qué consiste el proyecto? A pesar de los avances tecnológicos, más del 75 % de los fondos marinos del planeta siguen sin estar mapeados con alta resolución; conocemos mejor la superficie de la Luna o de Marte que el propio lecho de nuestros océanos. SEABED 2030 tiene como ambicioso objetivo cartografiar el 100 % del fondo marino mundial para el año 2030.

– Nuestra aportación: Aprovechamos la tecnología de sonda de a bordo y los sistemas de posicionamiento satelital para registrar de forma continua la batimetría (profundidad y relieve del fondo) en zonas oceánicas remotas como el Pacífico o las aproximaciones a archipiélagos aislados. Todos los perfiles batimétricos que registramos se procesan y se donan al catálogo mundial para actualizar las cartas náuticas globales y alimentar los modelos de circulación oceánica.

3) Proyecto propio TEP-136: Monitorización Ambiental e Ingeniería del Barco

El tercer proyecto es una iniciativa propia que llevo desarrollando con mi grupo de investigación desde hace varios años y que utiliza nuestra travesía como banco de pruebas real e inigualable. Se centra en el estudio de la habitabilidad, confort y comportamiento de los materiales en veleros oceánicos.

A bordo llevamos instalada una red de sensores que registra de forma automatizada y continua variables como luminosidad, temperatura y humedad relativa, tanto en el interior del casco como en el exterior.

Esta toma de datos persigue dos grandes objetivos científicos y de ingeniería naval:

– Comportamiento estructural y térmico: Entender cuantitativamente cómo están construidos los barcos de producción en serie y cómo soportan térmicamente las condiciones extremas de humedad y temperatura de las travesías oceánicas (desde el calor sofocante del trópico caribeño hasta los ambientes húmedos del Pacífico).

– Estudio comparativo de astilleros: Hemos ido recopilando y comparando mediciones no solo en nuestro barco, sino también en veleros de distintas marcas, modelos y presupuestos con los que coincidimos en los puertos y fondeaderos del mundo. Esto nos va a permitir establecer métricas objetivas para determinar si existen diferencias cualitativas y cuantitativas reales en términos de aislamiento, ventilación y confort entre los veleros de gran serie comercial y aquellos barcos concebidos por astilleros de gama alta o diseñados específicamente para aguas azules (ocean cruisers).

De este modo, cada milla navegada no solo nos acerca al siguiente destino, sino que aporta un grano de arena al conocimiento científico, al cuidado de los océanos y a la mejora del diseño naval del futuro.

¿Qué retos principales se os plantean en las próximas etapas de la vuelta al mundo?

Los retos en una empresa de esta magnitud se dividen siempre en dos frentes: el mantenimiento logístico del barco en tierra y las dificultades meteorológicas y de navegación en la mar.

Actualmente nos encontramos en Bundaberg (Australia). Aunque no es una zona propensa a sufrir el impacto directo de los grandes ciclones tropicales australes, sí que puede recibir los coletazos de tormentas intensas y precipitaciones muy fuertes durante el verano del hemisferio sur. Por ello, hemos dejado el velero completamente «desnudo» y «trincado»: hemos desmontado las placas solares, el aerogenerador, toda la jarcia de labor (cabos, drizas, escotas) y cualquier elemento que pueda ofrecer resistencia al viento para evitar destrozos por rachas violentas.

El primer gran reto será la puesta a punto tras estos seis meses de parada por nuestras obligaciones laborales en España:

– Mantenimiento y reactivación: En la náutica oceánica existe una máxima incontestable: «un barco parado se estropea más que un barco navegando». A nuestro regreso nos espera una labor exhaustiva de comprobación y puesta en marcha. Tras medio año sin uso en un clima tropical/subtropical, es inevitable encontrarse con bombas bloqueadas, electrónica que da fallos por la humedad marina, la desalinizadora que requiere una conservación química, o grifos de fondo que se agarrotan. Nos llevará días de trabajo minucioso dejar el buque listo y seguro para volver a navegar.

Los retos en la mar: El Índico, el Mar Rojo y el Mediterráneo

Desde el punto de vista puramente náutico y meteorológico, los desafíos que tenemos por delante son probablemente los más exigentes de toda la circunnavegación:

1) Sortear los tifones del Océano Índico

El paso del Océano Índico es un auténtico rompecabezas de temporización. Debemos sincronizar el salto para evitar los ciclones tropicales tanto en el Índico Sur como en el Índico Norte:

En el Índico Sur: La temporada de ciclones se extiende de noviembre a abril (durante el verano austral). Se forman por el elevado calentamiento de la superficie del agua (a partir de 26,5 °C), creando perturbaciones de gran escala que giran en sentido horario y avanzan hacia el oeste con vientos destructivos. Para evitarlos, debemos salir de Australia a partir de abril o mayo, cuando las aguas comienzan a enfriarse y la atmósfera se estabiliza.

En el Índico Norte (Mar de Arabia y Golfo de Adén): Aquí la dinámica cambia por la transición entre el monzón de invierno (del NE) y el de verano (del SW). Los ciclones tropicales en esta zona se forman principalmente en las épocas de transición (mayo-junio y octubre-noviembre). Debemos cruzar el norte del Índico en la ventana justa de mayo a junio, justo antes de que se instale con toda su dureza el monzón del suroeste, que genera mar arbolada y vientos muy duros.

2) La remontada del Mar Rojo: El reto más complejo

Si la situación geopolítica nos permite tomar esta opción, subir el Mar Rojo será, un hito difícil de la travesía.

El Mar Rojo es una zanja estrecha encajonada entre dos grandes masas continentales y desérticas. Durante casi todo el año —y especialmente en el tramo norte— tanto el viento dominante como la corriente marina soplan y fluyen fuertemente de Norte a Sur, es decir, exactamente en contra de nuestra derrota.

Ceñir en un canal relativamente estrecho, con vientos que fácilmente superan los 25–30 nudos, una ola corta, empinada y muy incómoda generada por el poco calado y el encajonamiento, y con la corriente frenando el avance del barco, supone un desgaste físico y de la estructura del barco enorme. Exigirá muchísima paciencia, buscar ventanas de calma y hacer un uso muy inteligente de la máquina y las velas.

3) El cruce del Mediterráneo a finales de verano

Una vez que alcancemos el Canal de Suez y asomemos al Mediterráneo, la sensación psicológica será de alivio: estaremos «en casa», en un mar familiar, con cercanía cultural y la tranquilidad de tener la Península Ibérica a un paso. Sin embargo, no hay que minusvalorar la navegación mediterránea.

Si cruzamos el Mediterráneo a finales del verano (agosto–septiembre), nos enfrentaremos a su meteorología traicionera:

– Contrastes térmicos y severidad: Tras meses de intenso calor estival, la masa de agua del Mediterráneo acumula muchísima energía térmica. A finales de verano comienzan a descolgarse las primeras bolsas de aire frío en altura (DANA o gotas frías). La combinación de un mar muy caliente con aire frío en las capas altas desencadena una inestabilidad brutal: chubascos severos, manguas marinas, y vientos locales muy violentos (como la Tramontana) que pasan del encalmado total a la tempestad en cuestión de minutos.

Sin duda, la combinación de la puesta a punto en Australia, el cálculo de los ciclones en el Índico, la dura ceñida del Mar Rojo y la siempre caprichosa meteorología del Mediterráneo convierten a las próximas etapas en el verdadero examen de nuestra vuelta al mundo.

Esther y Aurelio, para finalizar, ¿qué le aconsejaríais a una pareja que esté pensando en lanzarse a una aventura como la vuestra?

Esther y Aurelio: Nuestro primer y más claro consejo es simple: cuanto antes iniciéis esta aventura, mejor. La navegación oceánica es muy exigente en lo físico, y con los años los achaques de salud van apareciendo sin pedir permiso. Hay que aprovechar el momento.

Quizá dar la vuelta al mundo de golpe se haga una meta demasiado grande como primera opción, pero iniciarse con una gran travesía, como un cruce del Atlántico, no es para nada descabellado para una pareja. Es un objetivo plenamente alcanzable si se afronta con la mentalidad adecuada.

Además, nos gustaría romper un mito muy extendido: no hace falta esperar a tener el barco «perfecto» ni un Blue Water de diseño exclusivo. Tras haber cruzado el Atlántico tres veces (dos de ida y una de vuelta) y haber completado la gran travesía del Pacífico desde Panamá hasta Australia a bordo de nuestro Tuvalu, si algo hemos verificado con la observación de todos estos años navegando por el mundo es nuestra máxima: cualquier velero de serie, de cualquier marca, bien preparado y revisado, es susceptible de afrontar travesías oceánicas con garantías.

Lanzarse depende fundamentalmente de dos pilares: la preparación técnica del barco (invertir en formación, revisar a fondo la jarcia y el motor, y equipar todos los sistemas de seguridad posibles, buscando siempre la redundancia) y la preparación de la tripulación. Lo demás es armarse de valor y soltar amarras.

A esto nos gustaría añadir algo que la experiencia nos ha enseñado en miles de millas compartidas: la gestión de la convivencia y el trabajo en equipo en la pareja. En el mar no hay escapatoria; el barco se convierte en un universo reducido donde la comunicación, la confianza mutua y el reparto claro de roles son tan vitales como el propio timón. Saber apoyarse en los momentos de cansancio y celebrar juntos los pequeños logros diarios es lo que convierte a una pareja en una verdadera tripulación invencible.

Por todo esto, nuestro consejo práctico es: estableced un plan, seguidlo de forma rigurosa e id subiendo escalones pequeños para alcanzar el objetivo. Veréis que llegará un momento en el que os sentiréis plenamente preparados. Y muy importante: ponedle fecha en el calendario. El cruce del Atlántico, por ejemplo, es perfectamente viable incluso para quienes aún no se han jubilado, aprovechando períodos vacacionales. No lo pospongáis indefinidamente.

La navegación oceánica es muy dura, no lo vamos a negar, pero el sentimiento profundo de superación personal y la inmensa alegría que te embarga cuando ves aparecer entre la bruma la silueta de las ansiadas islas tras semanas de mar no tiene parangón. Es una emoción íntima e indescriptible.

Poneos una fecha, preparad la nave, confiad el uno en el otro y dad el paso. No os arrepentiréis y, os lo aseguramos, tendréis historias maravillosas que contar el resto de vuestras vidas.

¡El océano no pertenece a barcos extraordinarios, sino a personas decididas: poned fecha, soltad amarras y permitid que el viento escriba vuestra propia leyenda!

Enlaces:

Podéis seguir esta aventura en www.bluewaterteam.es

en YouTube, Velero Tuvalu

, y en Instagram, Velero Tuvalu

Desde «Navegantes Oceánicos» agradecemos a Esther y Aurelio que compartan con nuestros lectores su apasionante aventura de preparación de su velero, planeamiento, navegación de altura, experiencias de vida a bordo y los retos que les quedan por la proa en la «Vuelta al Mundo Almirante Cervera».

¡ Mucha suerte, buenos vientos y buena mar! ¡Os seguiremos!

protección web con ISSN